La experiencia fue tan enriquecedora que decidimos crear un lugar donde los niños pudieran hacer arte y a la vez estar en contacto con los animales. Nos interesaba sobre todo trabajar con niños con discapacidades.
Desde Washington D.C., mi amigo y yo nos mudamos a Gainesville, Florida para comprar “Neoselva”, la finca. El nombre de Neoselva se me ocurrió de una palabra que yo había escrito anteriormente en un poema para representar mi propia selva virtual. Durante 5 años Neoselva fue una finca ecológica de 31 acres con más de 600 animales exóticos, muchos de ellos rehabilitados, dedicada a hacer terapia asistida por animales para niños con discapacidades. Lamentablemente, por el alto costo de la tierra y el mantenimiento de los animales no pudimos sostener la finca por más de cinco años como una organización sin fines de lucro. En ese momento decidimos venderla y donar los animales a personas conocidas con experiencia.