Patricia Suárez / Agua y Aceite
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Patricia Suárez / Agua y Aceite
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RUBÉN: Caty, vení. Caty, ¿qué te pasa? Mamá, explicame.
PAULINA: Ay, Rúbele.
RUBÉN: ¿Qué hacés sin el bastón? Te podés caer.
PAULINA: Tu mujer me dijo que no lo use. Me dijo que parezco una vieja tullida, y que debo caminar sin bastón. Me tiemblan las piernas que no imaginas. En cualquier momento me desplomo y me desnuco. Tardaste tanto, ¿y no trajiste nada? ¿Cómo quieres que tu mujercita se calme? Debes traer bombones, helado de chocolate...
RUBÉN: Sentate, mamá. ¿No comiste?
PAULINA: Nada...
RUBÉN: No te sirvió, Caty?
PAULINA: ¡Pero si esa chica es un sol! Cómo cuida la economía doméstica, Rúbele! Lo mezquina todo, no te ofrece ni para chupar una lechuga. (bajo) Me llama vieja bruja.
RUBÉN: Eso son cosas tuyas, mamá.
PAULINA: ¡Pero no, pero no! Mira, Rúbele. Yo soy tu madre, mira cómo me caen las lágrimas cuando te hablo. Y cuando digo la verdad, no te miento, por el alma de tu padre que no digo mentira. Tuvimos una larga conversación ella y yo, cosas de mujeres. El estado la tiene muy sensible a la pobrecita. Y me dice que no ve la hora de parir el niño, y que tener un niño es toda la ilusión de su vida. Yo le pregunto, Rúbele: “¿Estás enamorada de mi hijo?” Ella tan modesta, se encoge de hombros un poquito así, y hace: “El amor, bah, bah”. Te lo juro, Rúbele, no me mires como si yo fuera el diablo. Preguntale. No le importas un comino.
RUBÉN: Ay, mamá. Para qué te ponés a hablar de esas cosas con Catalina.
PAULINA: Soy mujer, si no hablo del amor, ¿de qué quieres que hable? En la boda de plata, en la boda de oro, tu padre siempre me preguntaba: ‘Paulina, ¿cuál fue el momento más feliz de tu vida?’ Y yo siempre le decía: No un solo momento sino dos:
PAULINA Y RUBÉN (A coro con Rubén que se sabe de memoria la frase)
...cuando te vi por primera vez entrar a la casa de mi padre, y cuando me casé contigo...
PAULINA: Sí. Así le contesté.
RUBÉN: Voy a ver qué le pasa a Caty.
PAULINA: Sí, sí, mejor. Tienes que cuidarla mucho, necesita cariño esa chica, embarazada todo es más difícil para una mujer. Vamos, andá con ella. Yo me quedo solita acá mirando cómo aquella arañita del rincón hace vibrar toooodas las telarañas que cubren el techo, si parece que tu mujer no supiera que existen los plumeros... Cuando vos eras chico, yo fregaba, fregaba, fregaba, el avaro de tu padre no me ponía una ayuda, nada, todo sola. Fregaba por amor, yo. Pero tu mujer no te quiere, Rúbele. Deberías esperar a que tenga el chico, se lo quitas, el rabí le hace el britz milá, y lo llevamos a vivir con nosotros... ¿qué te parece, Rúbele? Rubén, estoy hablándote...

Rubén comienza a irse hacia la habitación.
Sale mientras Paulina termina de hablar.


PAULINA: ¡Rubén! Si te vas atrás de esa desgraciada, por lo menos traeme de la heladera el flan que vi que tienen allí metido con cuatro candados, que ni una pizca me ha convidado tu mujer, qué encantadora es... Nunca pensé que pudieras elegir una mejor, ni más judía... ¡Rubén, no seas grosero! No pareces hijo mío. Apenas te vi, todo azul, berreando, le dije a tu padre: “Salomón, entreguemos a este niño al Orfanato”. Pero tu padre te tuvo pena, y te dejamos vivir. Un pobre estúpido Salomón, un flojo, un perro sarnoso. Y yo me apiadé y te dí leche de pecho, no se podía gastar en la leche de vaca, y chupaste, chupaste y creciste. La primera palabrita que te pones en la boca: “Puta”. Otros niños dicen Papa; vos, “Puta”. Me obligas a darte sopapo, si dices Puta. Y vos, te haces el sordo: “Puta”, y yo, venga sopapo. Esa no es una relación madre-hijo. Pero tengo el corazón tierno, si no te hubiera echado a los perros y hubiera hecho una obra de bien, estoy segura. ¿Me escuchaste? ¿Has oído, Rúbele?

Paulina se levanta, sin bastón.
Se asoma a una puerta que da al dormitorio del matrimonio.


PAULINA: Ah, ya se están abrazando. Increíble: no existe la moral. A ver... el flan. ¿Qué más había? Pera, me comeré una pera también. Gelatina, qué asco. No, no es tan fea. Se deja comer. ¡Qué feliz seré yo el día que los pollos crezcan de los árboles! Estiro la mano así y bajo del árbol un pollo asado. ¿Cuál será el día más feliz de tu vida, Paulina? El día que un pollo cuelgue del árbol y me lo coma todo yo solita, y vos ahí fuera, Salomón, mires y te retuerzas del hambre.

Toma el bastón y sale.
Apagón.

 


Patricia Suárez
Buenos Aires, Argentina
 


 

Zona Moebius
Año 7
febrero 2009

 

 

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