Patricia Suárez / Agua y Aceite
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Patricia Suárez / Agua y Aceite
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PAULINA: Ahí está, es esa.
CATY: Me dijo que era renga.
PAULINA: Las rengas tienen fama de ardientes. Vos con esa panza no eres ardiente. Claro, comprendo. Yo fui muy feliz cuando esperaba a mis hijos, no me podía mover, estaba toda hinchada, náuseas, náuseas, vómitos. Cuando dí a luz por fin, quedé pesando cuarenta kilos, parecía un sobreviviente de los campos de Auschwitz. Mal, mal. Pero vino Salomón y dijo con su maldita lengüita: ‘Paulina, ¿cuál fue el momento más feliz de tu vida?’ ‘Este, este, por la puta que te parió, Salomón, soy más feliz que nunca’. Sigue hablando, sigue. Denise, dijiste que se llamaba la otra. Su amante, quiero decir: la mala perra aquella. Pensá bien, querida. Hay detalles, el cansancio, la noche tarde en que vuelve. Hay un dato que no falla: ustedes ya no se llevan bien. Antes eran el pan y manteca y ahora son el aceite y el vinagre que no cuaja. Todo les cae mal, todo irrita, te haces rulos para él y él no mira los rulos; no nota el vestido nuevo aunque sea rojo y estridente; te paras desnuda delante de él y él se queja de que le haces sombra... ¿Te trataba así, Rubencito? El es capaz de todo, yo nunca le tuve fe, es igual a su padre. Cuando nació le dije: ‘Este chico no sirve para nada; será igual a ti, Salomón’; y el muy imbécil estaba orgulloso. A los hombres hay que pegarles un pistoletazo. ¿Eran el agua y el vinagre, eh, querida?
CATY : El agua y el aceite.
PAULINA: Ya sabía yo que lo de ustedes no podía durar. El es un loco. No tiene caso, no llores que se desperdician proteínas en las lágrimas. Vamos, no llores. Una se acostumbra a la perrada masculina; las mujeres lo superamos todo.
CATY (llora a moco tendido): No es posible. No lo puedo creer. Que me haya hecho algo así, no lo puedo creer...

Paulina se levanta de la silla y camina sin bastón hacia la mesa. Sirve un vaso de gaseosa y toma un sandwichito. Después va hacia Caty. Se inclina y le acaricia la cabeza y la panza.

PAULINA: Vamos, toma un poco de jugo. Así. Tiempo al tiempo. Un mordisquito. Ya sé, ya sé que no quieres. Por el niño, por el niño... Así, querida...

Caty abraza a la vieja y lloran desconsoladas entre lamentos de ‘Ay, Rúbele, ¿qué has hecho?’. Luego de un largo momento así, oyen golpes a la puerta.


CATY: La policía...

Oyen la llave en la cerradura. Están las dos congeladas como estatuas. Entra Rubén. Sonríe de oreja a oreja y tiene la ropa desarreglada.

RUBÉN: Hola, perdón por la tardanza...

Las mujeres lo miran llenas de odio. Caty se hace la señal de la cruz.

RUBÉN: ¿Por qué me miran así? ¿Qué pasa?

Caty se levanta, va hasta él, lo escupe.

CATY: Sos un hijo de puta.
RUBÉN: ¡Caty! Mamá, ¿qué pasa?

Caty sale de escena.



 

Zona Moebius
Año 7
febrero 2009

 

 

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