Patricia Suárez / Agua y Aceite
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Patricia Suárez / Agua y Aceite
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CATY: Vino fino.
PAULINA: Eso no quita la sed. Así solo emborracha. Tomemos un vaso y probemos un poquito de allá, ¿aquellos son los sandwichitos?
CATY: Sí.
PAULINA: ¿Tienen jamón?
CATY: Sí.
PAULINA: Para nosotros los judíos el buen apetito es la señal de que estamos vivos.
CATY: ¿Hice mal...? Pensé que usted el jamón lo comía... porque Rubén no le hace ascos y... Si usted quiere... no sé... hay fruta en la heladera...
PAULINA: No, no, ¡qué fruta! No importa el jamón, comamos. Dios no se enoja. En el aniversario de casados, en la fiesta había una mesa kosher y otra para los judíos como nosotros que se dan con todo el mundo. ¿Vos qué sentís que estás con nosotros y no sos judía? ¿Vos que pensás de nosotros que somos judíos?
CATY: Yo soy judía.
PAULINA: Pero no ejerces.
CATY: ¿Cómo?
PAULINA: Hija de matrimonio mixto. Tus padres no son judíos. Bueno, son un poco judíos. Medios, como la cebra. ¿La cebra es un caballo o una mula?
CATY: Una cebra.
PAULINA: ¿Pero es blanca con rayas negras o al revés? ¿Negra con rayas blancas…?
CATY: No sé. Una cebra.
PAULINA: Eso es lo que quiero decir.
CATY: Mi madre es judía. Para la ley...
PAULINA: Para la ley judía, la ley judía... Pero no es lo mismo. Es como si los medio judíos hubieran dejado de ser judíos. Los medio judíos y los asimilados eran treinta mil en Berlín y los gasearon a todos. Es como la cebra que dejó de ser un caballo negro o un burro blanco...
CATY: De ser judío no se puede dejar. No es como la bebida.
PAULINA: Ay, ¿tu madre bebe?
CATY: ¡No! ¡No bebe!
PAULINA: No, no, no te avergüences. Uno no tiene la culpa de los padres que tiene. Tu padre no es judío y tu madre una borracha, pobrecita. ¡Y encontraste a mi hijo! ¡Qué suerte!
CATY (dudosa): Sí...
PAULINA: Yo quería un hijo médico, director de un hospital en Jerusalén, en Israel. Está bien, estudió para médico, le iba muy bien, pero no se recibió de médico. A Israel si va lo ponen a juntar papa en un kibbutz o en el Ejército. Yo no crié un hijo para que después venga un árabe, un palestino y me lo mate. Así que si él no puede ser médico, la esposa puede no ser judía. Ya está echado a perder, qué lástima… Igual ustedes no están casados, viven juntos nada más. El matrimonio es muy diferente que vivir juntos; hay que despertarse, levantarse, y el otro está ahí al lado, y hay que ir y preparle el desayuno y después el almuerzo y la merienda de la tarde y la cena y otra vez a la cama, y así. El rabí dice que los matrimonios se arreglan en el cielo, ¿te crees eso? Te casas, y a los cinco años comprendes que te uniste a un loco, le diste el cuerpo y el espíritu a un demente y para toda tu vida estarás con el demente. No rías, ¿te ríes? Si es algo para echarse a llorar. Ay, pero qué sed del diablo. Más hablo, más sed tengo. Pero no vale la pena callarse. Eso le dijeron las mujeres a Moisés, ¿sabías? Miren, les dijo él, vamos a cruzar el desierto, ahorren líquido, ahorren saliva, no estén contándose chismes. Pero decirle eso a una mujer judía. ¡No tenía cabeza este Moisés! Ahora se dice por ahí que Moisés no era judío, que era egipcio. No quiero hacer pecado, no voy a repetirlo, pero para mí sí: era egipcio. ¿Vos estás enamorada de mi hijo? A Salomón lo trajeron a mi casa, estaban mis hermanas, estaba yo. Mi padre le dice: ‘¿Cuál te gusta, Salomón? Elige una de las cinco, después negociamos la dote’. La novia anterior lo plantó en el altar a Salomón; él de eso nunca contaba qué pasó. Igual, a mí no me importa. Me lo puedo imaginar muy bien, muy bien, querida, por qué fue. Fanny, se llamaba. Fanny, ¿eh?, ¡una mujer inolvidable! Salomón tenía con él el vestido de novia que le dejó la otra, esta Fanny que lo abandonó. Salomón pagó a la modista que lo cosiera y ella le devolvió el vestido después del plantón. La otra era chiquita, menuda, nada de pecho, nada de espalda: una tabla. Al Salomón le gustaba Rosa y la señaló, pero pronto se da cuenta que Rosa no entra en el vestido, ni ella ni ninguna de mis hermanas grandes, nada más entro yo, que tengo trece años. Y él, otro vestido para Rosa no iba a coser. ¡Mira si lo abochornaban de nuevo! ¿Qué era él? ¿Un ropavejero?  Yo era así flaquita, un fideo, con una cara blanca y redonda de luna, los ojos así abiertos. Pero estoy parada ahí delante del que puede ser mi novio, mi marido, y creo que hasta me voy a hacer encima de nervios. Pero Salomón, muy tranquilo, fumaba y con el humo le faltaba el respeto a mi padre. Pero mi padre tenía la sangre de pato, decía mi madre. Corre el dedo, así y me señala. Dice: ‘Con esta me caso, don Mordejai. ¿Cómo se llama?’ ‘Paulina’. ‘Paulina, Paulina’, dijo: después nos casamos. Fui la elegida y enseguida mi madre y las hermanas me besaron; y yo lloré toda la vida. Después fuimos felices con Salomón; no me saqué la lotería con él, pero fui feliz, sí, fui feliz. ¡Ya no puedo más! ¡Voy a morir de sed! ¡Llama, llama a mi hijo que venga urgente!



 

Zona Moebius
Año 7
febrero 2009

 

 

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