Patricia Suárez / Agua y Aceite
Índice de Artículos
Patricia Suárez / Agua y Aceite
página 2
página 3
página 4
página 5
página 6


No le queda cabeza a una persona cuando en
la casa hay una vieja que no para de hablar.
John M. Synge

 

Agua y Aceite

 

 

Personajes
PAULINA
CATY
RUBÉN

La suegra y su nuera embarazada de varios meses.
Están sentadas frente a una mesa tendida, lista para celebrar.


PAULINA: Ay, qué sed que tengo. Esto que me estás haciendo es un pecado. Toda esa comida ahí puesta, poniéndose fría. Para cuando la comamos va a estar muerta, muerta. Y la sed, la sed me consume, ¡y el hambre!
CATY: Rubén dijo que iba a llegar temprano, no sé por qué se habrá retrasado...
PAULINA: Rubén siempre llega tarde, lo hace para que uno esté esperándolo con el corazón en la boca.
CATY: Se habrá retrasado en el trabajo...
PAULINA: ¿En el trabajo retrasarse tanto? Lo ascienden a un cargo; no es que se mete a bandolero. Y lo decís así, sin que se te mueva un solo pelo. Lo hace a propósito, es mi hijo ¿cómo no lo voy a saber yo? Cuando el padre vivía no se portaba así... Miento: cuando Salomón vivía, él lo prefería al padre, siempre al padre. Yo le iba atrás como una esclava, le ataba los zapatitos, le acomodaba su capote, le ponía la vianda, los pastelitos en el morral, pero el ingrato, sólo tenía ojos para el padre. Es muy cruel ser madre, de las mayores crueldades de la vida. Yo cuando estaba en estado miraba siempre el retrato del niño de la propaganda de chocolatada, para que mi hijo me saliera igual. Salió igualito, sólo que no es ni rubio ni de ojos azules, pero igual. Recorté el retrato de las Selecciones del Reader’s Digest y la colgué. ¡Qué mono, qué bonito niño! Yo a Rubén lo hice precioso, pero él después hizo su vida, se echó a perder. De Dinah no hablo; es mi hija pero no hablo. Estoy peleada con ella, me maltrata. Cuando Salomón me preguntaba: ‘Paulina, ¿cuál fue el momento más feliz de tu vida?’ Yo decía: ‘Cuando dí a luz’. Siempre me lo preguntaba él, se pensaba que yo me iba a olvidar o le iba a responder: ‘Cuando me casé contigo’. ¡Ja, eso nunca! Él fue un buen esposo, mantuvo la casa, no me hizo faltar nada; no me quería... No, no me mires así: Salomón no me quería, pero fue un buen esposo.
CATY: …
PAULINA : ¿A vos mi hijo qué te dijo de mí? Te habló mal, seguro.
CATY: No me habló mal.
PAULINA: Ah, ¿no?
CATY: No.
PAULINA: Qué raro.
CATY: Apenas entré a esta casa, él me mostró la fotografía suya con su marido. La fiesta de aniversario. Él me dijo: Mirá qué felices eran.
PAULINA: ¿Eso dijo? Mi hijo está loco. Salomón era bueno, un buen esposo. Tenía su carácter; no nos entendíamos siempre. Al principio, como en todas las casas, no había ni un sí ni un no, vivíamos en el acuerdo perfecto. Porque yo decía sí a lo que él decía sí y no a lo que él decía no. Pero un día me digo: yo tengo vida propia, mi cabeza, las piernas, los ojos, todo mío, alguna cosa original a veces me venía, un pensamiento, una inquietud; me digo, él no me fabricó: no compró una muñequita de porcelana. Así le digo a él. ¡Para qué! Empezó a ponerse malo, irritable, celoso, de pronto era como el agua y el vinagre que no se entienden. ¿Son el agua y el vinagre los que no cuajan? ¿Te habló de eso mi hijo? Yo estaba siempre cansada, vos debés estar cansada también. Un marido no respeta el cansancio de la esposa...  ¿Mi hijo te lo respeta? ¿Tus horas...?
CATY: El agua y el aceite.
PAULINA: ¿Qué?
CATY: El agua y el aceite son los que no cuajan, no se unen.
PAULINA: Ah, entonces sabes de qué te hablo. Claro, mi hijo no te respeta el cansancio. Te hacen un hijo y creen que han comprado una esclava blanca. Está bien, digo yo. Me has comprado, te serviré. Pero muéstrame la plata primero, los billetes, para que te crea. Y no hay plata ni billetes. En mi casa había muchachas ayudándome con la crianza, con la cocina, con la limpieza. ¡Ah! ¡Había qué trabajar todo el día, hacer unas comilonas, lavar, planchar! Los niños dan mucho quehacer; del día a la noche, no se terminaba nunca. Cuatro sirvientas tuve y cocinera. Pero yo estoy contenta. Viajamos; él me hizo viajar al lado suyo. Adonde él iba, yo iba. El hablaba cinco idiomas; yo, ninguno, en los viajes no hablaba con nadie, me aburría que era espantoso. Conocí El Cairo, París; en Los Ángeles me llevó a un cine adonde pasaban películas pornográficas. De esto hace como cuarenta años. Yo fui, porque no tengo el prejuicio y ver, hay que ver todo. Ay, pero qué sed. ¿Qué compraste para beber? ¿Naranjada?



 

Zona Moebius
Año 7
febrero 2009

 

 

Etapa anterior
Archivo 2003 / 2008

 

 

 

Free template 'Colorfall-oliva' by [ Anch ] Gorsk.net Studio. Please, don't remove this hidden copyleft!