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No future: métodos para troquelar una dramaturgia Juan Lázaro
Rearte |
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Desde la isotopía del cartel
de Marie Antoinette, que evoca la portada de “Never
mind the bollocks”, de los Sex Pistols y la estética del no
future se ejercita una política de la imagen llena de intenciones
pero sin manifiestos, que puede ser irritante para quien crea que el tono compromete
el valor de verdad de una perspectiva histórica. Pero los propósitos
de Coppola están lejos del rigor histórico o de la construcción
de un eje narrativo vertebrado en la reescritura de los episodios de la Revolución
de 1789. De ahí en más es ocioso llevar a la práctica una
justificación de su arte, ya que no puede haber arte apolítico,
pero hay que aceptar que en una producción de gran escala puede parecer
incómodo recorrer irresponsablemente la historia bajo una sombrilla, lección
enseñada, digamos, por la oscura épica de Danton
(Andrzej Wajda, 1982) y no por La dama y el duque (Eric Rohmer,
2001). Pero la historia misma es narración y está sujeta a una dramaturgia
controvertida, y Marie Antoinette puede pensarse como un ejercicio
de construcción de la subjetividad de los ‘80s que se mira en el
espejo de la historia y que sólo usa los motivos históricos como
telón de fondo de un temprano grand guignol. Como sea, lo que
vuelve interesante al personaje no son sus intervenciones en la vida pública
tanto como su autopresentación de personaje especular, lleno de consciencia
de su máscara, encarnada por Kirsten Dunst, en un notable trabajo de composición
de los gestos de heroína pop. Vale preguntarse dónde radica la subjetividad
de una figura históricamente secundaria, la propuesta es en su expansión
sobre el entorno, un mundo de ensueño y un mundo propio. Dormir y soñar
El gélido lecho nupcial es el motivo dominante de la primera mitad del film: divanes, canapés y bañaderas apoyan el tópico de la subjetividad suprimida, apolítica y asexuada. También la inspección ocular, montada como un collage, descubre el encanto por lo nuevo y los valores de la subjetividad de Marie Antoinette, y entonces, frente al extrañamiento: maravilla por los fragmentos y por la extravagancia del conjunto de zapatos, porcelanas, peinados, vestidos y golosinas (o vestidos como golosinas: “me gusta el rosa, es como un dulce”, reflexiona) o bien, regocijo frente al equilibrio y solemnidad de la arquitectura o de la ópera. Si con el sexo sobreviene la progenie
y la esperanza de la perpetuidad, a partir de ahí todo acto se consustancia
con la política (María Teresa no es el heredero que se esperaba,
pero al menos despeja el temor de la esterilidad) y se produce el giro argumental
y temático que precipita el pasaje a la vigilia. Vigilia, deseo y derrumbe
El último refugio, el Pequeño Trianon, es el teatro de la sublimación de la imitación de la naturaleza (como estilización) y ahí se corporiza la enmascarada y nebulosa imagen del conde Hans Fersen en héroe de estampa y amante ejemplar. En esa desrealización del mundo y en la construcción de un mundo propio, Marie Antoinette observa su propia subjetividad, reina, artista, campesina: esas figuras, todas contrapuestas, se recrean en el escenario para una forma también grotesca de arte, ciertamente sin futuro en tiempos de su autonomización, pero lejos del riguroso sistema de contravenciones de la aristocracia. Paradójicamente, y entendemos
que este es uno de los logros del film, Kirsten Dunst logra definir un cuerpo,
sin voz es cierto, pero en tanto es portador del gusto por la representación,
por la sensibilidad, por la yuxtaposición inmoral de valores, por las contradicciones,
se trata de un cuerpo consciente y moderno, gestado bajo el maquillaje de una
diva de la corte o de una artista new romantic. El gesto teatral de rendición
ante la turba indiferenciada que pide su cabeza es otro punto saliente: acá
se suspende el cambio de roles para dejar que simplemente suceda lo que debe suceder,
no se trata de una inmolación trágica (a lo Norma Shearer), sino
de un desplazamiento sustancial de esta dramaturgia, cuyos movimientos de acción
y reacción se deciden por la gritería, que se vuelve la ejecutora
de un destino individual, pero que en este acto la circunscribe al conjunto de
los tiranos. María Antonieta (Marie Antoinette) EE.UU./Japón/Francia, 2006, ‘123. Dirección: Sofia Coppola. Guión: Sofia Coppola, basado en el libro Marie Antoinette: The Journey , de Antonia Fraser. Fotografía: Lance Acord. Edición: Sarah Flack. Diseño de producción: K. K. Barrett. Diseño de vestuario: Milena Canonero. Música: New Order, The Cure, Jean Phillip Rameau, The Strokes y Siouxsee & The Banshees, entre otros. Intérpretes: Kirsten Dunst, Jason Schwartzman, Rip Torn, Judy Davis, Asia Argento, Marianne Faithful, Danny Huston. |
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