La
Arena Sabrosa 2005, el último ritual de Carlos Betancourt
Jodie
Dinapoli
El
nuevo trabajo de Carlos Betancourt, en
La Arena Sabrosa 2, vuelve a
construir la ya derruida instalación presentada en
la feria OMNIART de Miami en Diciembre de 2005. La instalación
consta de 2.700 pequeños castillos de arena, realizados
con un vaso como molde, que se expanden por el espacio,
al tiempo que una dramática luz azul cobalto los
ilumina provocando una sinfonía de contrastes. La
simetría y profusión de los vasos reorganiza
el espacio de forma geométrica y lo torna frágil
y destructible. Esta obra, que, en palabras de su autor,
“trata de sustancias temporales y universales”,
está realizada mediante la adhesión y emulsión
acrílica de arena caribeña, proveniente en
gran medida del arrastre de sedimentos y del resquebrajamiento
físico-químico de bancos de coral, conchas
marinas y caracoles del litoral marino-costanero, uno de
los grandes temas de la obra del artista.
Los trabajos de Carlos Betancourt han sido
acertadamente calificados por Antonio Zaya como “Proyecciones
e Intervenciones” y “foto performances”
pues se basan en la intervención en espacios naturales
y urbanos donde el propio artista crea un escenario en el
que sus personajes son fotografiados. En este caso, ha proyectado
un espacio interior cuya destrucción convirtió
en performance y de la cual ha tomado varias fotografías.
De nuevo, tras sus varias series de Interventions,
Betancourt interviene en un espacio pero,
aunque normalmente lo hace en espacios abiertos cuyas interacciones
con el mundo exterior son un elemento imprescindible, en
este caso se trata de una instalación en un interior,
el de la Galería Remy Toledo de Nueva York. Cuando
esta obra de Betancourt se presentó en Miami, Alfredo
Trif, consideró que era una nueva forma de presentar
el land art de los años sesenta en espacios
cerrados, un intento de “monumentalizar la naturaleza
en museos y galerías”.
A diferencia de Intervenciones anteriores como Interventions
in Narture Series (2001) e Interventions in Wynwood
(2004), los personajes en primer plano se rodean de escenarios
coloridos llenos de curiosidades; en La Arena
Sabrosa 2 apreciamos una depuración
de su lenguaje formal y compositivo que resulta mas refinado
y sofisticado.
La Arena Sabrosa 2 trae consigo un ambiente
íntimo que Betancourt define como
“mágico” y “misterioso”,
características del realismo mágico latinoamericano.
Para el artista, su trabajo "es un puzzle que la gente
tiene que resolver sin que yo limite su experiencia”.
Betancourt juega, se pasea e interactúa
con los moldes de arena, convirtiéndose en un elemento
vivo de la obra. En este caso, el artista crea una experiencia
diferente con la obra, la vive, la transforma, utiliza y
explora al tiempo que la obra lo espiritualiza a él.
Betancourt hace de la instalación el escenario para
un ritual, forma performativa, en consonancia con la producción
del artista.
Nuevamente, Carlos Betancourt nos presenta
una propuesta tanto física y sensual como mística,
dos formas que, como hemos podido comprobar, devienen en
paradigmas de su creatividad.
