Nouvelles como poemas
Marcos Vieytes
 

Debe haber muy pocas cosas más estimulantes para un lector que la prosa de Henry James. Y si no lo afirmo tajantemente es porque mis rudimentarios conocimientos del inglés me han impedido leerlo en el idioma original en el que sus historias fueron escritas. A pesar de todo, me las he arreglado lo suficiente como para disfrutar del sonido de sus diálogos y el ambiguo carácter de sus criaturas, consistentes y fascinantes. Este volumen que reseño, es menester decirlo, facilita mucho las cosas. Ello se debe a que las traducciones de las seis nouvelles que agrupa han sido ejecutadas por otros tantos escritores. Entre ellos, Jorge Luis Borges, Sara Gallardo, Héctor A. Murena y Eduardo Gudiño Kieffer, encargado de trasladar al castellano el placer de la escritura original de James cifrada en su corta historia Un encuentro internacional.

La misma cuenta, en escasas cuarenta páginas, la visita de dos jóvenes solteros ingleses a los Estados Unidos, su vida en sociedad, el contraste de costumbres, la creciente y parcialmente correspondida admiración de uno de ellos hacia la joven Bessie Alden, el posterior viaje de esta y su hermana mayor a Inglaterra, el reencuentro con Lord Lambeth, las presiones sociales, y un desenlace a cargo del joven personaje femenino que lo torna discretamente revolucionario e inolvidable. Las observaciones sobre la ociosa aristocracia inglesa, el consumismo precoz de las mujeres norteamericanas y el carácter cada vez más afirmado del capitalismo son, también, difícilmente olvidables por su certera previsión.

Como si esto fuera poco, el libro se completa con la versión de Bartleby, el escribiente de Melville, cuya original radicalidad no deja de ser hipnótica y desoladora, además de prefigurar a Kafka; El hotel azul de Stephen Crane; Falso amanecer de Edith Warton, que consta de una segunda parte devastadoramente melancólica y quizás del más noble personaje que haya dado la literatura; la pesadilla de Sherwood Anderson titulada El hombre que se convirtió en mujer, pesadilla que incluye un hipódromo deshabitado, una noche lluviosa, un osario, y que participa también de la intensidad emocional propia de la poesía tanto como de la mejor literatura de horror; y La larga marcha de William Styron.

Publicado por la editorial Emecé como parte de una serie popular llamada Grandes Novelistas, no descarto que puedan adquirirlo por un precio módico en las muchas librerías de usados de cualquier capital de América Latina. Si ello sucediera, los estará aguardando el valor agregado de un papel obra ya amarillento y poroso cuyo aroma los atrapará ni bien lo tengan entre sus manos y tal vez, como me pasó a mí y pueden apreciar en la foto, una cubierta carcomida por algún roedor de refinado gusto.



Seis grandes novelistas norteamericanos, traducidos por seis grandes escritores argentinos
. Emecé editor S.A., 1972, 344 págs.


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