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¿Qué
se le pasó por la cabeza a aquel soldado para no matar al prófugo
rehén? Rafael Sánchez Mazas vivió, sintió y padeció
“en una hoya encharcada en la que desemboca un arroyo” estos fugaces
segundos en los que se diferencia claramente lo que es apreciable en la vida de
lo que es puramente banal.
Soldados de Salamina “es una historia con hechos y personajes
reales. Un relato real”. Así es como denomina Javier Cercas, autor
implícito y real, a su obra. Su autor narra con sumo primor todos los pormenores
de una historia que fue “pregonada a los cuatro vientos” durante el
régimen franquista, pero que ha permanecido velada desde la entrada de
la transición. Hablamos del fusilamiento de Sánchez Mazas, fundador
e ideólogo de la falange, “en el santuario de Santa Maria del Collell”.
A raíz de una entrevista de Cercas con Rafael Sánchez Ferlosio,
hijo de Mazas, éste comienza a inquirir sobre el acontecimiento ocurrido
medio siglo antes. Y como él mismo asegura “recorrí bibliotecas,
hemerotecas, archivos. Varias veces viajé a Madrid, y constantemente a
Barcelona, para hablar con eruditos, con profesores, con amigos y conocidos (o
con amigos de amigos y conocidos de conocidos) de Sánchez Mazas”.
En el primer capítulo de los tres que conforman la obra, el autor compila
la información que le llega desde los textos de los anales hasta los comentarios
de los que conocían la historia por ayudar a Mazas subrepticiamente. Soldados
de Salamina correspondería con la parte intermedia. Cercas, después
de analizar y estudiar con detenimiento todo el contenido que posee, se lanza
a redactar la obra que prometió, pero jamás escribió su protagonista.
Esta parte es de una exquisita calidad, ya que Cercas, con una pericia y un dominio
de los hechos, pone a disposición del relato toda su erudición histórica
y narra la vida del falangista desde que nace hasta su expiración, centrándose
en el episodio del fusilamiento y los días postreros. Aquí relata
con gran claridad estilística todas las declaraciones y extracciones que
ha recogido, reunido y examinado.
“El libro no era malo, sino insuficiente, como un mecanismo completo pero
incapaz de desempeñar la función para la que ha sido ideado porque
le falta una pieza”. La “pieza” que le faltaba al libro es la
parte de ficción que ansía todo literato. De nuevo aparece el fatum
para arrastrar a Cercas a la búsqueda de un “héroe”,
aquel que salvó la vida de Sánchez Mazas. Casualmente tiene lugar
una entrevista con un escritor chileno, Bolaño, quien nombra a un tal Miralles
y da nociones de él. Parece que la definición que da Bolaño
de aquel recluta republicano encaja con el modelo de héroe que perdonó
la muerte a Mazas en aquel día lluvioso, y que Cercas andaba buscando.
Después de reiteradas llamadas telefónicas y de severas investigaciones
acerca de este personaje, Cercas logra encontrar su paradero en una residencia
de Dijon. Posteriormente, viaja hasta esta localidad para que este singular personaje
ratifique que fue él y no otro el que decidió no ejecutar al que
pudo haber sido uno de los desencadenantes de la tragedia.
Ciertamente, podemos añadir que el libro no se agota en su propio argumento,
sino que además invita al lector a reflexionar acerca del arte de escribir
o la capacidad creativa, sobre los motivos que conducen a algunos a lanzar "al
país a una orgía de sangre" y los prejuicios que pueden existir
ante un escritor de talante conservador. En esta fusión que hace el autor-protagonista
de verosimilitud-historia-ficción nos damos cuenta de: primero, la ingente
labor que debe realizar un investigador para recuperar historias que corren riesgo
de desaparecer; segundo, la cantidad de terribles acontecimientos que ocurrieron
durante los fatídicos años por culpa de unos pocos infames con ansias
de poder; y tercero, que existen héroes de los que “nadie se acuerda
siquiera de por qué murieron, de por qué no tuvieron mujer e hijos
y una habitación con sol; nadie, y, menos que nadie, la gente por la que
pelearon. No hay ni va a haber nunca ninguna calle miserable de ningún
pueblo miserable de ninguna mierda de país que vaya a llevar nunca el nombre
de ninguno de ellos”.
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