La
infanta anatomista
Escuché a una niña de voz negra
nombrando sus huesos:
los describía y los ubicaba en su cuerpo.
Un animal hablado
La miraba y se complacía.
Por qué les enseñan
estas cosas a los niños.
Voy a retirarme de esas muertes
cuando descanse
y una aureola tumultuosa
diga ser mi obra completa.
Vi a la niña que
sabía de huesos
soplando sus manos que eran todo cenizas
mientras otros cortejaban su erudición
y la aplaudían.
La oí decir que
los pájaros no tienen esqueleto.
Fue su último exabrupto de inocencia.
Profundo y elevado
no hay hambre, ni ruidos de hambre
no hay tristeza, ni lágrimas de tristeza
Mírame.
Elevo un dedo al cielo:
no hay dios, ni hijos de dios.
Un payaso azul, disfrazado
de ángel
una niña lo mira y corre detrás.
Se vuela
la hija del ángel.
no hay piedras, ni dureza
de piedras
no hay sangre, ni ríos de sangre
no hay tierra, ni quien reclame su vientre
no hay yo, ni hijos del
yo -hijo mío-
ni dios del yo
Reinos
Ágata en los ojos / mimetismo recortado del aire /
mutación de su forma que escande hacia mis ojos:
abro y cierro mis bruñidas pieles
para recibirlo y fecundarme.
Así –en los
tres reinos- personificamos el misterio:
mineral el deseo (líquido mercurio)
animal la palabra (diálogo felino)
vegetal el devenir (floración hacia la muerte).
Error fatal
Al pájaro lo creyó herida y se esmeró en sanarlo.
Hablaba de consciencia humanitaria.
A la herida la creyó
pájaro y la dejó volar agonizando.
Hablaba de amores animales.
Mientras se precipita
un ángel
dios es hambre sobre sus ojos
un hombre desnudo pide
a gritos que se le explique
está doblegado en el centro del vacío
-¿tiene el vacío un centro inmutable?-
dios es piel resquebrajada
en el vacío insoportable
una mujer contempla su
vientre crecer
henchido de vacío
-¿puede un ser vacío henchir el vientre de su madre?-
dios es dios
vacío
-un nombre desnudo en un vientre falaz-
dios es hambre surcando tus ojos
Ritual
ella: la bifurcación de su sombra:
un truco caído de las manos del dios
se aparta del socorro de
la luz
/viva/
ejecuta sus órganos nocturnos
laxa, anfibia, fecunda
su corazón de bruja
pendulando latidos en un aquelarre inmóvil
ella: la escarcha de sus
labios:
un resbalamiento azulado de los ojos ausentes
se retira, se embebe de
polvos
alarga sus músculos rituales
se arroja a su trampa privada
/semiabierta/
y amanece para amarse
/tocarse/
sólo en la caída
Fecundo
Noche en la que el sueño
está vedado
vendado
herido.
La mano despliega su quinta
lengua
y moja el espejo del papel.
Noche en la que un poema
se marcha dejándome
un hijo
en las entrañas.
Palabras pincel
así el paisaje:
tiempo deshojado
mutaciones de invierno
orillas azules
así su sombra:
luces demoradas
disculpas nocturnas
círculos en la memoria
así nuestra oración:
palabras de bronce
silencios bendecidos
compensaciones altísimas
Diluvio del lenguaje
En el arca de NO ES
un ejemplar de cada palabra
para escapar del diluvio.
Hasta abrir el silencio
y liberar a las bestias.
Hasta obrar el silencio.
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