CECILIA B
ORIO

 

La infanta anatomista


Escuché a una niña de voz negra
nombrando sus huesos:
los describía y los ubicaba en su cuerpo.
Un animal hablado
La miraba y se complacía.

Por qué les enseñan estas cosas a los niños.
Voy a retirarme de esas muertes
cuando descanse
y una aureola tumultuosa
diga ser mi obra completa.

Vi a la niña que sabía de huesos
soplando sus manos que eran todo cenizas
mientras otros cortejaban su erudición
y la aplaudían.

La oí decir que los pájaros no tienen esqueleto.
Fue su último exabrupto de inocencia.

 

 

Profundo y elevado


no hay hambre, ni ruidos de hambre
no hay tristeza, ni lágrimas de tristeza

Mírame.
Elevo un dedo al cielo:
no hay dios, ni hijos de dios.

Un payaso azul, disfrazado de ángel
una niña lo mira y corre detrás.

Se vuela
la hija del ángel.

no hay piedras, ni dureza de piedras
no hay sangre, ni ríos de sangre
no hay tierra, ni quien reclame su vientre

no hay yo, ni hijos del yo -hijo mío-
ni dios del yo

 

 

Reinos


Ágata en los ojos / mimetismo recortado del aire /
mutación de su forma que escande hacia mis ojos:
abro y cierro mis bruñidas pieles
para recibirlo y fecundarme.

Así –en los tres reinos- personificamos el misterio:
mineral el deseo (líquido mercurio)
animal la palabra (diálogo felino)
vegetal el devenir (floración hacia la muerte).

 

 

Error fatal


Al pájaro lo creyó herida y se esmeró en sanarlo.
Hablaba de consciencia humanitaria.

A la herida la creyó pájaro y la dejó volar agonizando.
Hablaba de amores animales.

 

 

Mientras se precipita un ángel


dios es hambre sobre sus ojos

un hombre desnudo pide a gritos que se le explique
está doblegado en el centro del vacío
-¿tiene el vacío un centro inmutable?-

dios es piel resquebrajada en el vacío insoportable

una mujer contempla su vientre crecer
henchido de vacío
-¿puede un ser vacío henchir el vientre de su madre?-

dios es dios
vacío
-un nombre desnudo en un vientre falaz-

dios es hambre surcando tus ojos

 

 

Ritual


ella: la bifurcación de su sombra:
un truco caído de las manos del dios

se aparta del socorro de la luz
/viva/
ejecuta sus órganos nocturnos
laxa, anfibia, fecunda

su corazón de bruja
pendulando latidos en un aquelarre inmóvil

ella: la escarcha de sus labios:
un resbalamiento azulado de los ojos ausentes

se retira, se embebe de polvos
alarga sus músculos rituales
se arroja a su trampa privada
/semiabierta/

y amanece para amarse
/tocarse/
sólo en la caída

 

 

Fecundo


Noche en la que el sueño
está vedado
vendado
herido.

La mano despliega su quinta lengua
y moja el espejo del papel.

Noche en la que un poema
se marcha dejándome
un hijo
en las entrañas.

 

 

Palabras pincel


así el paisaje:
tiempo deshojado
mutaciones de invierno
orillas azules


así su sombra:
luces demoradas
disculpas nocturnas
círculos en la memoria

así nuestra oración:
palabras de bronce
silencios bendecidos
compensaciones altísimas

 

 

Diluvio del lenguaje


En el arca de NO ES
un ejemplar de cada palabra
para escapar del diluvio.

Hasta abrir el silencio
y liberar a las bestias.

Hasta obrar el silencio.

 

 

Cecilia Borio
Argentina

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