|
|
|
|
El mundo perdido Mauricio
Mex Faliero |
|
En una nota publicada el pasado 22 de enero por el diario Clarín de Argentina encontramos a un Steven Spielberg adusto, serio, apesadumbrado. Como si una sombra se hubiera posado sobre su humanidad y se encontrara ante una encrucijada de difícil solución. Son días de entrevistas por el estreno de Munich, su visión sobre la venganza tomada a manos del gobierno israelí contra los terroristas palestinos que en septiembre de 1972 secuestraron y asesinaron a 11 atletas en los Juegos Olímpicos de Alemania. El tema de la violencia espiralada entre Israel y Palestina es demasiado polémico para un director habituado a otras cosas. Pero como bien declara: “no podía vivir callado simplemente por mantener mi popularidad. Estoy en una edad en la que si no corro riesgos, pierdo el respeto por mí mismo. Y era importante para mí correr este riesgo”. Lo cierto es que, al hablar, al director de E.T. se lo siente confundido, como caminando por primera vez en su vida sobre un terreno en el que no puede hacer pie con demasiada seguridad. Uno espera entonces la visión del film para conclusiones y precisiones. Y lo cierto es que posterior a la proyección, lo que queda es esta serie de apuntes desordenados y oblicuos, incapaces de una reflexión clara.
Cinefilia: Spielberg ha hecho del clasicismo la manera de afrontar su cinefilia, recorriendo casi todos los géneros previos a la década del 60. Y si bien es un estandarte de la ciencia ficción setentista, aquí construye un thriller de espionaje a la usanza de los que se hacían en la década del 70. En ese sentido hay que reconocer que el film es torpe y reiterativo estructuralmente para sus 166 minutos, y carece de la habitual pericia narrativa del director.
Diálogo: habitualmente los films de Spielberg dialogan entre sí. War of the worlds era una relectura completa de su filmografía. El problema de Munich es que parece dialogar, como en una selección clasista, con aquellas películas del director que tocan temas “importantes”. Tal vez sea una coincidencia inconsciente que busca filiaciones representativas. Lo cierto es que es imposible no conectar el comienzo de esta película con el de Saving private Ryan (Rescatando al soldado Ryan), a partir de su exclusiva narratividad visual generada a través de un montaje de excepción. También hay una secuencia en la que israelíes y palestinos quedan encerrados en una habitación desvencijada, cara a cara, similar a la que tenían soldados americanos y alemanes entre las paredes en ruinas de una casa destrozada por la guerra.
Final abierto: habitualmente sus películas solían perderse en una última parte edificante, donde las historias de los personajes se cerraban a manera de moraleja. El ensayo de futuro incierto que planteó en War of the worlds es acabado en Munich con el final más desesperante de su filmografía. Avner a la deriva, abandonado por aquello en lo que creyó en un momento. Los habituales ojos extraviados de los films de Spielberg, en esta oportunidad direccionados hacia la dimensión del horror de la no pertenencia. Y la puesta en escena del último plano, significando que todo pasado vuelve sobre sus pasos y no se puede eludir.
Conclusiones: Munich seguramente no está entre las mejores películas del director. Por el contrario es un film fallido, excesivo en su intento por abarcar muchos temas, reiterativo y poco imaginativo como thriller y confuso desde lo ideológico. Pero nadie puede negar la voluntad de Spielberg de meterse con una temática que lo compromete emocionalmente, y para la que no tiene todas las respuestas que se le pueden exigir. Así y todo se trata de un producto jugado y riesgoso para alguien que podría seguir filmando fantasías millonarias que, como hemos visto, a la vez permite una relectura de su propio cine. Y que nadie vea aquí un intento de búsqueda de prestigio, ni un trueque de entretenimiento por “seriedad”: está claro que para Spielberg no es central el problema de Medio Oriente, sino sus obsesiones de siempre. Se trata posiblemente de la amargura inexplicable de un hombre que alguna vez creyó que las cosas eran más justas y sencillas. Y no se trata de una mirada cargada de cinismo, sino de una tristeza infinita ante lo inexplicable e inevitable.
|
|
|
Munich,
EE.UU 2005. Director: Steven Spielberg. Protagonistas: Erica Bana (Avner),
Daniel Craig (Steve), Ciarán Hinds (Carl), Mathieu Kassovitz (Robert).
Guionistas: Tony Kushner, Eric Roth, sobre el libro de George Jonas. Fotografía:
Janusz Kaminski. Montaje: Michael Kahn. Dirección de arte: Ino
Bonello, Tony Fanning, Andrew Menzies, David Swayze, János Szabolcs,
Karen Wakefield. Música original: John Williams. Vestuario: Joanna
Johnston.
|
|
|
|
|
| || Información |Contacto |Archivo || | |
|
Prohibida la reproducción de cualquier parte de este sitio web
sin permiso del editor |