Cómo ser mayor y no morir en el intento
Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2006

Javier Luzi y Mauricio Mex Faliero

Tim RobbinsAl cumplir su mayoría de edad el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata ha dejado como saldo algunas visitas ilustres, un evidente vuelco al mercado en cumplimiento de las directivas y deseos del nuevo director del INCAA Jorge Alvarez, una competencia pareja en su mediocridad, unas secciones con nuevo diagrama y viejos vicios, una organización caótica y un maltrato encarnizado para con la prensa. Rescatamos (con sus contras) las Master Class: Tim Robbins y Susan Sarandon brillaron a pesar del cholulaje de cabotaje que copó las primeras filas y las preguntas; la de Michael Winterbotton que permitió aclarar la diferencia entre ficción y documental en su cine y Ricardo Darínsu eclecticismo; la de Abel Ferrara, signada por su locura genial; la de Charles MacDougall, en la que se pudo acceder a material (pilotos y primeros capítulos) de series televisivas que ya son un clásico como Sex and the city, Queer as folk, Desperate Housewives y la reflexión sobre su construcción; y la de Juliete Binoche, en la que la actriz francesa demostró su inteligencia, belleza y simpatía. Pero todas sirvieron para evidenciar el problema de las traductoras que, cuando no se perdían en el discurso, ignoraban títulos de películas o simples nombres, o sólo sabían inglés (¿no hay en Mar del Plata traductores de francés o de portugués?). La innovación de vender entradas con anticipación fue muy bien recibida y utilizada. Delinear un perfil más marcado no le vendría nada mal a este Festival.

 

(DI)SECCIONES

Fabián BielinskyPara la prensa en general las cosas no resultaron sencillas. A la falta de entradas se sumaron normativas poco prácticas (duración del uso de las computadoras en la sala de prensa; entrega de entradas en el mismo momento en que se estaban proyectando los films en competencia, colas para el Auditórium a pesar de poder acceder a las funciones con la credencial), bastante desinformación entre las distintas áreas, ausencia casi total de gacetillas (que fue subsanado en mitad del festival con mails personales), sin hablar de la titánica tarea de conseguir una invitación a la apertura -citada a las 19.00, comenzada a las 22.00- (negadas por Q_orianka Kilcherquienes correspondía y que sobraban en las recepciones de los hoteles con los que trabajó el Festival) que se vació de personajes importantes, ni bien empezó la película, en veloz huída hacia el cóctel. Igualmente, todos los problemas fueron subsanados para estos cronistas por la buena voluntad y amable atención de las chicas y chicos “base” del equipo que debían hacerse cargo de lo que “la cúpula” jamás se dignó solucionar. Las secciones América Latina y Heterodoxia (la sorpresa del año anterior) naufragaron en la medianía que también parece haber copado a La mujer y el Cine.

 

INCOMPETENTE COMPETENCIA

Daniel BurmanCasi nadie cree en la Competencia Oficial de Mar del Plata. Pero esta vez tres argumentos nos hacían virar hacia el optimismo. Primero: la del año pasado había tenido sus puntos altos y presagiamos una continuidad; segundo: la inclusión de nombres como Terrence Malick, Kim Ki-Duk, Daniel Burman y Werner Herzog ilusionaban con un alza en la calidad; y tercero: el jurado, con integrantes de la talla de Paz Alicia Garciadiego, Fabián Bielinsky o Krzysztof Zanussi, nos hacía prever que de haber una sola película excelente entre las dieciocho, ellos se iban a encargar de premiarla. Pero así como nos ilusionamos, cada jornada que pasábamos en el Auditórium desalentaba nuestras JuhaWuolijokiexpectativas. Como siempre, hubo malas (Chicha tu madre), regulares (Hwal -El arco-), buenas (Remake) y muy buenas (Be with me). El problema es que no hubo una que mereciera el mote de obra maestra o joya distintiva. Hubo mucho miserabilismo empaquetado para vender (Look both ways), mucho discurso demagógico (Cinema, aspirinas e urubus) y mucha corrección en las formas (The new world -El nuevo mundo-). Nosotros aborrecimos alguna (Viva Cuba) y varias nos generaron indiferencia (Café transit). Eso sí, con Derecho de familia lloramos y aplaudimos. La ganadora fue la mexicana Noticias lejanas, un film muy menor e intrascendente.

 

LAS PELÍCULAS

Más allá de los análisis que se puedan hacer, el lector quiere tener algún dato preciso sobre las películas. Vimos alrededor de 70 (al final no sacamos las cuentas) y recomendamos un top six como para que no haya problemas entre los redactores (tres de Luzi, tres de Faliero). Pero antes, un par de aborrecibles e indigestas.

Viva Cuba (Juan Carlos Cremara Malberti): de lo peor en competencia. Panfletaria (la Revolución no se merece semejante bochorno), mal actuada (a los gritos, con personajes maniqueos y estereotipados), con un guión traído de los pelos y realizado a puro trazo grueso, una fotografía de postal turística, bajadas de líneas cuasi idiotas, animación berreta y realismo mágico. Se le nota la intención de agradar al gran público con su tierna historia, alla road movie, de niñitos que se quieren (aunque demuestren lo contrario), cuyos padres desalmados pretenden separar llevándose a uno de ellos al exterior. No funciona ni el drama ni la comedia que pretende mixturar. Una vergüenza.

Chicha tu madre (Gianfranco Quattrini): tenemos un taxista y aprendiz de tarotista al que le pasan todas estas cosas: tiene problemas con su mujer, su hija quedó embarazada, no lo quieren ni ver en las cercanías de un club de fútbol, se relaciona sentimentalmente con una prostituta. Esta coproducción argentino-peruana intenta ser una comedia, pero sólo causa gracia cuando no se lo propone. Estéticamente pobre y narrativamente torpe. Un festín de la desgracia involuntaria. Menos mal que nunca se pone solemne.


::: TOP SIX :::

Alice (Marco Martins): un padre que ha perdido a su hija pequeña sigue en la búsqueda por dar con su paradero completamente obsesionado con repetir cada paso de ese fatídico día en el que desapareció. Para ello instala en toda Lisboa cámaras de video en balcones y terrazas de departamentos prestados para luego revisar las cintas. Con una dirección seca y precisa, una fotografía agobiante y una actuación conmovedora de su protagonista esta opera prima logra destacarse a pesar de ciertos problemas de repetición en su último tramo, alguna explicitación un tanto innecesaria y un flashback inoportuno que confunde.


Be with me (Eric Khoo): una película que traza el derrotero de tres relatos (un hombre mayor que no puede superar la muerte de su esposa, un obeso empleado enamorado de una bella compañera de trabajo y dos chicas atrapadas entre el deseo y el amor juvenil) con una estética pop y sin miedo al ridículo. Consigue que nos interesemos en cada personaje/persona para luego abandonarlos ante la aparición de una especie de documental dedicado a una escritora ciega, autora ficcional de esas narraciones (con los típicos vicios de las “historias de vida”) que quiebra el ritmo logrado (y nuestra atención) sin poder remontarlo más. Interesante a pesar de la falla constructiva.


 

Caché (Michael Haneke): el horror de un matrimonio burgués y la reconstrucción de sus pesadillas. Eso es lo que urde el “cirujano” Michael Haneke con este film en el que vuelve a emplear su puesta en escena ascética para ofrecer una mirada política sobre el mundo. La pareja de marras (notables Daniel Auteuil y Juliette Binoche) comienza su desmembramiento cuando una serie de videos que llegan a su casa revela que alguien los vigila. Climas asfixiantes, un misterio oscuro y atroz, y también una mirada sobre el racismo imperante en la sociedad europea acomodada. Una gran película. Faliero ríe porque la pudo ver y Luzi no, pero Luzi sonríe porque la vio a Binoche en vivo y en directo en la Master Class.

I married a strange person (Bill Plympton): que una de las mejores películas haya sido este film animado de 1997 es una muestra de lo poco realmente bueno (y nuevo) para ver que hubo en este festival. Ya vista en algún Bafici, esta película logra que lo sexual, lo negro, lo perverso, lo absurdo compongan una crítica certera a las instituciones como el matrimonio, la familia o el Ejército. Se trata en todo sentido de una obra necesaria y vital para entender parte de la cultura de estos tiempos, sus ritmos, su mimetismo y su diversidad de significados.


Sympathy for Lady Vengeance (Park Chan Wook): con este film, el director coreano, cierra la trilogía que dedicó al tema de la venganza. Aunque no llega al nivel alcanzado en Oldboy, esta historia de una mujer que sale de prisión luego de cumplir una condena por un crimen que no cometió y busca saldar las cuentas con el verdadero culpable de las muertes de varios pequeños, recurre a la misma estética casi preciosista, a un trabajo con la cámara milimétricamente pensado, un humor negro, cierto toque gore que golpea y un guión que cruza lo social y lo individual, la ley y la justicia por mano propia que, cuestionable o no, permite la reflexión.


The wild blue yonder (Werner Herzog): fascinante, extraña e hipnótica como lo puede ser una obra de Werner Herzog. El director juega con diversos lenguajes, pero sobre todo con el documental y sus variantes (testimonial, científico, de exploración). El punto de partida es un extraterrestre (notable Brad Dourif) que habla a cámara sobre el fracaso de su raza en el viaje que emprendieron desde el lejano planeta Andrómeda hasta la Tierra. Herzog mezcla imágenes de archivo y las reorganiza para encontrar una historia. Cuando sobre el final nos sumergimos en un mundo subacuático, el film adopta cualidades sedativas. Irreverente y autoindulgente. Genial y fallida.


 

CRECE/MUERE

Atrás quedaron las películas como cachetadas, las ceremonias engoladas, las entrevistas y encuentros, los cócteles abundantes de abundancia, el sueño mal digerido, las corridas entre sala y sala, las competencias de gustos y conocimientos entre colegas, las entradas sin conseguir, la película sorpresa vista por azar, diez días transitados en los ojos. En conclusión, todo lo que ofrece un festival y que lo hace distinto al reiterado y simple hecho de ir al cine semana tras semana. El Festival de Mar del Plata, con su edición 21º, cumplió la mayoría de edad y todavía tenemos la incertidumbre sobre su madurez. Quedará en sus responsables políticos encargarse de ello, mientras le hallan una identidad más precisa. Entre el crecimiento de lo que se ve por fuera, y el retroceso de lo que se vive por dentro, se van sucediendo los extraños sentimientos de algo que tiene el dulce sabor de lo inmortal, pero también el agrio aroma de lo irreversible.



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