|
Daniel Burman estuvo en competencia en el Festival Internacional
de Cine de Mar del Plata con Derecho de familia después
de presentarla en el Festival de Berlín como apertura de la sección
oficial Panorama. Visiblemente agotado por el trajín de las notas,
sumamente feliz con los resultados de la exhibiciones, sin evidenciables
expectativas por la premiación (la película terminó
sumando tres galardones: el premio del público, el SIGNIS, y compartido
el de película Iberoamericana) y antes del estreno comercial, el
director nos concedió esta entrevista en los salones del Hotel
Hermitage donde contó un poco cómo se gestó la idea,
qué espera del camino que inicia la película, cómo
es su método de trabajo y sus proyectos.

¿Cuáles
han sido las repercusiones que has tenido de la película?
La verdad que estoy súper contento. Es la primera vez que la veo
en Argentina, la gente se reía, lloraba. Después me paraban
para felicitarme, y es muy reconfortante cuando notás que quedó
algo de belleza en el público, no como una cuestión estética,
sino como algo profundo. Eso quiere decir que influiste positivamente.
Las cosas venían bien del Festival de Berlín, pero pensé
que podía ser un malentendido (risas).
¿Cuánto influyó el nacimiento de tu hijo para que
te decidieras a hacerla?
No fue lo más importante. Lo que intenté fue mantener ciertas
reflexiones de El abrazo partido, aunque claro que el
hecho de ser padre te despierta ciertos sentimientos internos, y te llena
de anécdotas que te sirven para completar la historia. Pero no
se trata de una película autobiográfica.
Ya
la habrás visto varias veces; ¿sos de trabajar mucho en
la post producción?
Con público la vi cuatro veces. Y recién ahora la disfruto
mucho más. Antes estaba preocupado por cuestiones técnicas,
pero ahora noto que está asentada. Soy de trabajar mucho en la
post producción. A la gente del guión no la dejo tranquila
nunca, al punto de tener que llegar a decir: ‘bueno, hasta acá
llegué’.
¿Te
manejás con un guión de hierro?
Sí, es importante mantener el guión. No hay que dejar librado
nada a la improvisación. No me gusta perder en el camino demasiado
de lo que se había planteado de antemano.
Daniel
Hendler pareciera que por momentos improvisara...
Eso lo parece porque es un actor extraordinario. Pero él se aferra
absolutamente a lo que dice el guión.
¿Cómo
pensaste los protagónicos?
El papel lo hice para Daniel porque está en la edad justa y en
el momento ideal de su desarrollo profesional como para hacerlo, no tuve
dudas al respecto. Y Julieta (Díaz) me encanta. Siempre la seguía
como televidente y tenía ganas de trabajar con ella. Cuando empecé
a dibujar el personaje me di cuenta de que ella era perfecta para interpretarlo.
Imaginamos
que dirigir a tu hijo habrá sido una experiencia increíble.
Se lo nota muy espontáneo, ¿se debe a que vos estabas en
el set?
Tiene al padre que se dedica a eso, así que ha sido una experiencia
alucinante para él. Seguramente yo no hubiera logrado algo parecido
con el hijo de otra persona. Fue muy movilizador para mí, y una
situación muy compleja que se desarrollaba en el tiempo. No terminaba
en el set.
¿Notás
eso que se dice de la ‘trilogía de los arieles’ luego
de Esperando al Mesías y El abrazo partido?
No sé si es una trilogía, pero sí existe un diálogo
muy fluido entre las tres películas. Lo voy notando, sobre todo,
cuando hablo con los periodistas. Hay elementos que se reiteran, pero
más importante aún, que crecen y temáticas que se
desarrollan a lo largo de los tres films. Ahora me dan ganas de verlas
de nuevo para notarlo.
¿Vos
no lo ves de manera tan clara?
Ahora estoy un poco más de acuerdo con esa idea, pero surgió
a partir de la lectura que hacen los demás. Cuando hice “Esperando
al Mesías” no sabía que iba a hacer tantas películas.
No me propuse hacer una trilogía.
¿Te
encontrás cómodo en este tipo de películas que exploran
temas profundos, a partir de la comedia y el drama, de una forma clásica?
Es el rol donde me siento cómodo, donde me divierto filmando y
donde me emociono también. Y eso mismo me pasa como espectador.
La verdad que no me interesa experimentar otros rumbos.
Cuando
lo hacés, ¿te ponés a pensar en función de
si Argentina necesita este tipo de cine como Industria?
Cada uno hace lo que quiere hacer. Sí me parece que tenemos que
empezar a hacer películas como las que estamos haciendo, que dialoguen
con el público. Como director o espectador no hay mucho más
por inventar; uno se puede emocionar o divertir. No hay mucho más
que buscar.
Vos
arrancaste con un corto en el que había una presencia más
fuerte del director, y ahora estás en una etapa más clásica.
¿Cómo vas atravesando esas etapas? ¿Pensabas en la
repercusión del presente?
Ir paso a paso es la mejor manera de vivirlo. Siempre tuve en claro que
quería hacer películas, no que quería ser director
de cine. La mayoría de la gente quiere ser director, pero eso no
ocurre tan fácilmente. Uno puede hacer varias películas,
te vas perfeccionando como profesional y recién ahí podés
decir que sos director. Pero eso recién cuando llegaste a cierto
lugar. Si estás preocupado por ser director de entrada, seguramente
no vas a llegar a nada. Es como con las mujeres, por ejemplo (risas).
¿Cuáles
son tus influencias como director?
Después de El abrazo partidome di cuenta que tenía
muchas influencias de Francois Truffaut, pero no había visto ninguna
película suya. Me di cuenta porque me lo dijeron otras personas,
y recién ahí pude observarlo. Es que yo no provengo de un
pasado excesivamente cinéfilo. Me gusta el cine, trabajo de esto,
pero me aburre mucho hablar de cine. No me interesa tanto andar pensando
sobre si el travelling es una cuestión moral...
¿Provenís
de lo que algunos desvirtúan como ‘cine de entretenimiento’?
Mirá, cuando logro organizar mi vida para poder ir al cine, cosa
que ocurre como un milagro, trato de preocuparme por pasar un buen momento.
Además
de tus films, estás produciendo mucho cine, ¿cómo
elegís los proyectos?
Más que nada en la productora miramos con quién nos gustaría
trabajar. Pero como no podemos hacer más de dos películas
por año, tenemos que elegir bien. Nos guiamos por gente que conocemos
y sabemos cómo trabaja; tipos con los que por ejemplo iríamos
a comer un asado a la casa. Así nos quitamos la presión
de estar muy encima del proceso de filmación.
¿Cómo
llegaron a “Chicha tu madre”?
Conocíamos a Gianfranco (Quattrini), nos gustaba como realizador
y nos interesó aplicarnos al proyecto, así que pusimos todo
nuestro apoyo para que al final se concretara. Gianfranco no sólo
es el director, sino el productor mayoritario, así que tuvo todo
el mérito de que la película existiera. Nosotros sólo
lo acompañamos.
¿Y
tus proyectos personales?
Ahora tengo la cabeza metida en el estreno de Derecho de familia,
pero hay algún guión en el que estamos trabajando. Podría
ser nuevamente una relación padre e hijo. Pero ahora estoy con
ganas de explorar el matrimonio, en otra etapa de la vida, sin hijos.
El
tema de padres e hijos es algo que te obsesiona...
Las relaciones filiales me interesan mucho. Porque creo que hay un camino
que se sigue, con etapas de distanciamiento en relación a nuestros
padres, que nos permiten descubrirlos realmente para finalizar transformándonos
en ellos. Es algo que invariablemente le pasa a todo el mundo. Todos saben
cómo son las cosas, y lo repiten.
¿Y
estará Hendler en ese proyecto?
No, vamos a alejarnos un poco de Hendler...
|