El invierno de nuestro descontento
Lorena Vázquez

 

Michele Apicella, alter ego cinematográfico de Nanni Moretti, es la prueba viva de que no es posible el observador ajeno que imaginó Zola. Además, es un hombre empeñado en construir una pared invisible entre sí mismo y una realidad demasiado sórdida como para ser la que soñó. El cura Julio, protagonista de Basta de sermones, en cambio, destruye el muro o más bien, ni siquiera intenta construirlo. Sin paredes, ventanas o prisiones que lo separen de ese otro espacio, su soledad es aún más profunda.

Tampoco ésta es la realidad que el cura soñó. De regreso a su pueblo, Julio se encuentra —y tiene que lidiar— con una familia que se desmorona y unos amigos que se resignaron ante el fracaso de los ideales que defendían cuando eran jóvenes. Y todos, por elección o porque no les queda otra, andan por este mundo solos y empecinados en estar mal.

El invierno de nuestro descontento es el significativo título del único poema que Saverio, amigo de Julio, olvidó romper, y que responde a un fragmento del monólogo inicial de Ricardo III, de Shakespeare. En aquellas primeras líneas se hacía evidente la preocupación y el pesar por los tiempos de paz y calma que le tocaban vivir. Momento de felicidad que el protagonista no sabe, no puede, ni quiere disfrutar. Inmerso en este mundo que se contradice y niega la contradicción, el cura no hace más que dejar en evidencia las maneras que tenemos de boicotearnos, lo pobre y efímero de nuestros afectos, nuestra necesidad de invocar heridas, malograr lo bueno.

Julio eligió ser cura para cambiar las cosas que no le gustaban con el mismo criterio con que su amigo Andrés se hizo terrorista. Y desde ese lugar pregunta, con una ingenuidad o lucidez que desconcierta: ¿por qué buscamos alejarnos de la felicidad? ¿Por qué no hacemos las cosas que nos hacen felices? Esta última es la pregunta que flota en el aire recorriendo la película y que ninguno de los protagonistas es capaz de responder.

Su cuestionamiento de la realidad pasa por el desencanto de un niño que no entiende a los otros personajes que, por miedo o abulia, no siempre intentan ser felices. Y esto hace a la diferencia con el resto de los hombres. Basta de sermones es una película que interpreta el mundo desde la visión de un adulto niño. Sus preguntas no pueden adjudicarse a la falta de entendimiento característico de un chico, ni se puede esperar que cuando crezca lo vaya a entender. Julio es un hombre grande que piensa como debería pensar la gente grande como nosotros. No nos habla desde una moral cristiana, desde un conjunto de normas e ideas que garantizan la dicha en el más allá; nos interpela desde una moral individual que tiene como único fin hallar la felicidad. No es porque vaya en contra de alguna virtud o atente contra la humanidad que el cura le pide a su hermana que no aborte, es sólo que con ello se aleja de la felicidad. No habla de guerras y hambre en el mundo. Moretti elige hablar de cada uno de nosotros desde lo simple, pequeño y cotidiano, como el cura va a hablarnos de su entorno.

Julio no entiende a los demás, grita y patalea irreflexivamente cuando las cosas no salen como él quiere o se tapa los oídos —sube el volumen de la radio— cuando no quiere escuchar lo que los demás tienen para decirle. Moretti hace de esta actitud aniñada del cura una estética a partir de la cual construye la película: situaciones que decide dar por terminadas y que se continúan fuera de escena; sonidos o el volumen de una canción que sube y no deja escuchar, por ejemplo, eso que el novio de su hermana tiene para decirle. Elige recrear fantasías en las que los personajes bailan y abandonan por un rato su soledad; revive recuerdos de la niñez en los que Julio fue feliz y prescinde del lado grotesco de la muerte de un ser querido. El dolor del cura es a puertas cerradas, tanto para el resto de los personajes como para nosotros. Fórmula que repite en La habitación del hijo, donde los estallidos dramáticos quedan fuera de escena y los personajes viven su tristeza a solas. Y esto porque ni el director ni Julio se regodean en lo triste y miserable de la vida. El único objetivo de Moretti, como lo explicita en Aprile, es filmar solamente lo que él quiere ver y oír. Lo que quiere mostrar como elige mostrarlo y no la cosa en bruto.

 

Basta de sermones (La messa è finita)Italia,1985. Dirección: Nanni Moretti. Guión: Nanni Moretti y Sandro Petraglia. Montaje: Mirco Garrone. Música original: Nicola Piovani. Intérpretes: Nanni Moretti, Ferrucio De Ceresa, Marco Messeri, Enrica Maria Modugno, Dario Cantarelli.

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