La guerra de un solo hombre
Marcos Vieytes

En el catálogo del Festival de La Rochelle de 2004 Jean-Pierre Le Nestour encabeza los primeros cinco párrafos de su texto sobre Peter Watkins diciendo, sucesivamente, que el cineasta británico es un fenómeno, un héroe, una leyenda, un electrón libre y un visionario. Si no interpreto mal sus palabras, todas ellas quieren darnos la idea de que la obra de Watkins se instala en el orden de lo extra-ordinario: vale decir que ni siquiera corre por el camino habitual del cine ajeno a las estructuras industriales de producción y difusión comercial. Y esto es así, a punto tal de que alguien podría cuestionar, incluso, su condición de cineasta, habida cuenta de que la mayor parte de sus películas, además de ciertas marcas constitutivas de estilo, están vinculadas a la televisión.

No casualmente el crítico español Angel Quintana enmarca su obra en las constantes de la producción televisiva de Rossellini y Rohmer. Porque PW es, en el fondo (y en la forma), un maestro: su afán didáctico y su deseo de llegar a la mayor cantidad de personas que sea posible se hace evidente no sólo en sus películas, sino también en la claridad expositiva de este volumen, en la repetición de los conceptos, en la guía para profesores y estudiantes del área audiovisual que adjunta en las últimas páginas, y en la función pedagógico-política que viene ejerciendo hace años desde Internet, ámbito donde han aparecido la mayoría de los textos que componen esta Historia de una resistencia.

En las primera páginas, Watkins recorre cronológicamente su filmografía recurriendo a una pluralidad de voces para comentarla. Así desfilan los enconados ataques del establishment televisivo —pero también el abandono de proyectos por parte de organizaciones pacifistas que se molestan ante su radical negación a la hora de aceptar los esquemas convencionales de producción, y su insidiosa deconstrucción de todo sistema institucional de poder—, las críticas favorables y negativas de la prensa cultural europea, algunos fragmentos de trabajos críticos centrados en su obra, y explicaciones propias del proceso de preparación y concreción de los proyectos.

El análisis polifónico de su cine, propuesto por Watkins en este libro, es coherente con su pretensión de involucrar a no profesionales —espectadores y/o lectores— en el acto mismo de la producción audiovisual, además de concienciarlo de la arbitrariedad con que los massmedia formatean la opinión pública. En este sentido son más que útiles los ejemplos de manipulación formal con que ilustra la política llevada a cabo por las cadenas de noticias de todo el mundo cuando la caída de las torres el pasado 11 de septiembre de 2001. Mi primera impresión fue la de pensar que no me estaba diciendo nada nuevo. Y es cierto pero tan cierto como que, después de repasar la enumeración de mecanismos de los que se valen los medios cotidianamente para bastardear la realidad, uno no puede menos que mirar de otra manera el bombardeo narcótico con que nos ataca la TV, y al que no cuesta nada resignarse por la sencilla razón de su omnipresencia. Además, PW fue uno de los primeros en advertirlo allá por 1968, con el largo de ficción The War Game, removido de su grilla de programación por la BBC luego de que recibiera presiones del Ministerio del Interior británico, aunque no pudiera evitar que ganara el Oscar ¡al mejor documental!

Ese malentendido sólo fue uno de los primeros —aunque el más trascendente— de la larga lista de desencuentros entre Watkins y la industria cultural pública o privada. Y no se deben únicamente al afán categorizador de estas últimas, sino también a la noción casi poética de la realización audiovisual que tiene el director inglés. Pero no escribo el adjetivo “poética” como un sustituto eufemístico de “idealista”. El poeta respeta el proceso poético hasta el punto de negarse cuánto más pueda a prescribir previamente la forma y la duración que ha de tener el poema, lo que no implica descuido, vaguedad, ni negligencia sino autonomía. Es esa intransigencia formal, ese rechazo a la imposición jerárquica de pautas que limiten la película a unas formas y tiempos comercialmente viables la que le ha traído problemas a Watkins. Que a pesar de ello haya desarrollado una carrera tan prolífica y rigurosa no deja de ser admirable. Así como no deja de agradecerse que el Festival de Gijón haya puesto su pensamiento a disposición de los lectores de habla hispana.


Historia de una resistencia, de Peter Watkins. Edic. Festival Internacional de Cine de Gijón. Gijón, 2004, 186 págs.
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