El
cine se ha ocupado en reiteradas oportunidades de reflejar el hastío
y la desilusión que provocan ciertas taras del sistema capitalista.
La burguesía ha sido burlada innumerable cantidad de veces, siendo
puntuales referencias generacionales la más bien cobarde American
Beauty o la virulenta American Psycho (mucho
American, sí). Por lo general son fábulas de oficinistas
aburridos, de empresarios desmotivados, de grises, chatos y anodinos
seres humanos que descubren sus dobleces ocultos. Pero nunca antes este
¿subgénero? había llegado a generar el terror —por
cercana y real— que provoca la francesa L’adversaire
(El adversario) de Nicole Garcia.
Lo
que cuenta la también actriz Garcia está basado en una
historia real: Jean-Claude Romand —el personaje verídico—
engañó durante más de una década a su familia
y amigos con el cuento de que trabajaba para la Organización
Mundial de la Salud cuando en realidad se dedicaba a vagar con su auto,
a dar vueltas por la ciudad soñando tal vez con un mundo al que
nunca se animaría a enfrentar. Sin embargo, el dato macabro –que
hace singular a este cuento trágico- es que allá por 1993,
al borde de ser descubierto, asesinó a sus padres, sus hijos
y su esposa, para luego intentar suicidarse sin suerte. Esto originó
una novela de Emmanuel Carrére y también otra película,
en una cuerda narrativa que privilegió el sin sentido laboral
antes que las bajezas humanas, dirigida por Laurent Cantet y titulada
L’emploi du temps (El empleo del tiempo).
Aquí
Jean-Claude Romand cambia por Jean-Marc Faure y en la piel del excelente
Daniel Auteuil se transforma en un ser humano infranqueable, de fachada
funesta y melancolía irredimible. Nunca sabremos qué piensa
Faure. Su aspecto es el de una fortaleza inaccesible. Y un poco de eso
se trata este film: de las fortalezas anímicas o económicas
montadas por el ser humano como método de subsistencia y aislamiento.
La vida de country o de barrio privado. Pues nadie suponía que,
detrás de esa casa enorme, de esa familia bien constituida y
de su respetable profesionalidad, se ocultaba una bestia.
Nicole
Garcia sabía que el material con el que contaba fue noticia mundial
y su cercanía temporal lastra a la película de todo suspenso.
Por eso no juega al misterio y va desnudando a manera de flashbacks
la tragedia final. Su buen gusto no le permite regodearse con el morbo
que la historia contiene a kilos; y los golpes de violencia, en una
última media hora ardua, áspera y sin concesiones, son
asestados con la precisión de un cirujano. Lo que le importa
a la directora, en definitiva, es el dibujo de ese hombre incomprensible.
Pero incomprensible suele ser para muchos cineastas un término
a comprender, y por tal motivo se dedican a psicologizar a cuanto personaje
ande dando vueltas, talón de Aquiles de tanto biopic
mediocre. Aquí eso no ocurre: Faure presencia de colado
una conferencia sobre medicina y se queda dormido; se recuesta en su
auto perdido en la ciudad. A puro perfil dinámico el falso médico
es desnudado, quien quiera entender que entienda.
En una de las
mejores escenas de L’adversaire Faure charla
con dos amigos, uno de ellos el ex de su secreta amante Marianne (la
exquisita y sensual Emmanuelle Devos). Este comenta que se encontró
con Marianne, y que ella le dijo que estaba saliendo con un médico.
El terror que provoca observar cómo Faure ni se inmuta y cínicamente
intenta enhebrar un collar mientras la charla transcurre, es parte de
la sutil superficie áspera que monta Garcia.
La
sapiencia de la directora para realizar un dibujo mordaz —y a
la vez triste y desilusionado— de la burguesía francesa
la emparienta con el mejor Chabrol. Sin embargo, es remarcable en Garcia
cómo toma un material real —destinado al telefilm
de la semana— y lo traduce en cine del bueno, cuando en manos
de otro podría haberse transformado en un muestrario burdo y
repleto de lugares comunes.
Parece decir
el film que para entender por qué Faure actúa
como actúa no hay que detenerse en sus actos —o más
bien en su inacción— sino en el contexto. Las ansias de
una sociedad prendida al éxito conducen a los más oscuros
pensamientos. Con todo, nunca victimiza al falso médico. L’adversaire
no grita sus ideas, no las exclama en cada supuesta frase inteligente
de guión. L’adversaire sugiere que Frankenstein
está entre nosotros, pero anda bien vestido y va a misa los domingos.
El film de Nicole Garcia se define como una película de horror
acerca de una sociedad creadora de monstruos que conviven y se engañan
bajo el mismo techo, y de los miedos que esto provoca una vez que se
hace público. Como le sucede a Marianne y a uno de los amigos
de Faure, quienes se muestran incrédulos al ser consultados por
la policía sobre los pasos del falso médico. Como se sabe,
ante el terror del sistema, la inocencia y el desconocimiento siempre
resultaron buenos cómplices de la ceguera social.
