SERGIO B
ADILLA CASTILLO

SIETE POEMAS SIMULADOS
Pompeya

 


A Juan Cameron y Vicky

Entro por el pórtico célebre a Pompeya como un plebeius a recorrer la ciudad en ruinas, a mirar con piedad a los serafines petrificados por la lava. Es verano y los baños parecen aún estar abiertos con sus aguas termales. Calpurnia entra altiva a su hortus rusticus desde donde sale olor a esencias aromáticas. Hace calor y los abejorros zumbando se posan sobre las margaritas y en su túnica púrpura bordada con hilos de oro / muy ceñida a su cuerpo /. Es una bella prompeyana con ojos dorados como la hierba de Bitinia-Ponto en plena resolana. En las alcobas las muchachas perfumadas / con bálsamos florales / duermen la siesta sobre camas de pétalos de rosa. Un mancipium entra al emporium, / a todo galope a la ciudad / donde se junta la muchedumbre. Grita con su voz ya desgastada que el Vesubio se desborda en torrentes de escoria y piedras. Corremos con los más jóvenes durante horas hasta llegar exhaustos a unos farallones que brotan de un mar verde y azul cobalto. El volcán vomita sobre Pompeya y mi memoria. El volcán expele su barbaridad hasta vaciar su vientre asqueroso. Un andante en sandalias viene caminando de Herculano sin saber que Nápoles existe en el litoral. Aún palpitan las pústulas con su purulencia amarillenta que tiene su cuerpo lleno de llagas. Un candelero derrama su óleo sobre la impávida tibieza de los amantes que copulan, después vendrá la lava que los empedrará perpetuamente. Pompeya era hermosa, nuestras locuras incluían la fatalidad de la pécora que se aparta del rebaño y sin embargo sigue siendo animal en gustos y demencias. Ya no hay nada más que soportar bajo los párpados y envejecer el alma. Seguiré camino hacia el sur / a Scilla, / donde todavía puede escucharse el canto de las sirenas y quizás en alguna playa me encuentre repentinamente con Ulises (en una nueva travesía) y compartamos una cena con Nausicaa.


Diario de Zeus en Atacama


A Mario Maltalbetti

En este bajío de la costa de Atacama, en esta parte del camino, resaltan más las constelaciones como si fuera un torrente de margaritas que dejan su estela brillante en el cosmos y lo demás fueran pegasos negros que con sus cascos aumentan la negrura.
En el caserío abandonado de Cobija se entusiasman los sátiros barbados, de patas y orejas cabrunas con las bacantes, ebrias y lúbricas, que tienen pesadillas fálicas bajo los pimientos floridos e higueras magnas.
Sin embargo desde el farallón se puede avistar siempre la caverna de las musas donde se emparejan festivamente con los bellos en el ardor infecundo del desierto y de la muerte.
En este mundo de apareamiento, la silueta leve de esos rastros que permanecen en la tierra áspera / entre las miles de flores / es mi paso trémulo e inseguro tras de ti.
En el templete de las vestales presumidas y las mozas infalibles de Quillagua, las castas cercan sus corazones y castran sus instintos. Cada lágrima de las hermosas núbiles las acerca a la inocencia.
En este despeñadero, en esta parte de la trocha a Tocopilla, se distingue mejor la Vía Láctea como si Zeus hubiera sentido repentinamente una polución nocturna en el firmamento y la simiente se esparciera como una señal lúcida de vida y lo demás fueran cenizas negras que se desplazaron de un cigarrillo consumido.

 

Tierra Ignota

 


A Antonio Avaria

Desciendo la vista desgastada y ya no logro comprender los textos adjuntos. Aumenta pues, mi pesimismo en un paraje abandonado en medio de los montes. Tal vez Vallenar o Quillota. Ya no soy el maestro que da clases en un término antiguo del caserío y por ello siento la apatía total del indigno. Miro los mapas con dificultad y una intensa lupa me deja recorrer una cartografía de Alderete en la que abundan los hongos, los helechos y las mariposas negras. Los derroches de los encomenderos y el maltrato de los indios" me impacientan ¿Por qué no traer negros – consulta el custodio de los fondos de la Capitanía?. ¿Por qué no apreciar la fuerza bruta de quienes no tienen alma?

Fue en el último verano en Tucapel después de García Hurtado de Mendoza y esa noche llegó a mi casa el. gobernador Martín García Oñez de Loyola,
( pariente de San Ignacio ) Da órdenes a diestra y siniestra: “Hay que cubrir la costa del norte de Nueva Extremadura”.

Sus palabras suenan romas y seseadas sin gozar de otra ilustración que no viniese de su olfato. El Almirante Pastene - en cubierta - antes de llegar a la dársena de Valparaíso me confiesa que desprecia a ese adelantado. Miramos las colinas y parece que se acercaran aviesas al mar. Sentados en unas rocas la indiferencia nos impide comer crustáceos recién extraídos del mar, mientras revolotean unos petreles orgullosos Los soldados hacen una fonda de lonas y ramas de quillay y un candil de sebo titila en mi ceguera. El ruido del mar contra los acantilados aumenta y se fortalece como un dominico sentenciando en plena Inquisición a un grupo de presuntos herejes .

Nadie tiene deseos de hablar – están rendidos con el absolutismo del Pacífico, sus inmensas olas y borrascas contra nuestras pequeñas gabarras de madera con unas míseras velas de algodón y cáñamo. Los vigías susurran como mochuelos inquietos para darse valentía - De esta manera fueron las bulas de deidades y señoríos tardos y ásperos - para corroernos el equilibrio, siendo infantes huérfanos en tierra ignota.

Una guerra para tropezar con algo que satisfaga la voracidad de los hidalgos y de los grandes de España. Se divisan a lo lejos las fogatas y las tolderías de los changos que observan a los recién llegados Son muchos los soldados del imperio que desean volver a la miseria y a la cochambre de Extremadura o de Castilla. ¿Para qué estar entonces tan lejos de Dios y tan cercano a la muerte?



Así se fundó Castilla



El cordón umbilical ha sido cortado con extrema precisión
en medio de tanto desconcierto. Nodrizas entran nodrizas van
un niño ha nacido sano en plena desazón del Medioevo
afuera en las zanjas yacen los cuerpos mutilados de los recién muertos
algunos con bubas purulentas otros con deformaciones de ángeles caídos.

El castillo de Lara tiene las puertas cerradas para que no entren los foráneos
Aquí nació Castilla: Fernán González el "Buen Conde", y doña Sancha, la condesa. Los inmigrantes se consternan con el señor que no los protege.
¿Por qué si llegaron pateras del sur del Mediterráneo sarraceno?
Arnaldo de Villanueva / el alquimista / lava sus pies en las aguas del río Arlanza
Se tiene algo entre manos a pesar de que han transcurrido sólo dos siglos.
En el prado crecen / en libre albedrío / unos crisantemos gigantes.
unos crisantemos enormes / en franco arbitrio / se expanden en el jardín de Castilla.

Un curandero ha encontrado un ungüento que alivia todos los males.
incluso el miedo que provocan en el sobrado los ruidos de las ratas en la noche
y remedo de permiso de residencia dudoso para los ilegales en el reino.
No hay más que rezar en cristiano para escapar del fuego eterno y de las pulgas. Es tan pasajero todo lo que ocurre y sin embargo perpetuo.

En las amanecidas las más jóvenes acceden en seguida al placer de los sementales viejos. Despiden una palpable emanación a calentura, a hembras en celo, y una secreción rastrera de estambres a gineceos fructifica: Unos enredados sobre otras, florales y desfloradas. Los abejorros aún con apetito voraz: florecientes. Satisfechas ellas de polución y de rocío: marchitadas
y la desnudez no importa a esta hora de la madrugada, se suspende junto al fogón con la ambrosía entre las ingles y el polen entre las nalgas.
Aquí se fundó Castilla: así llegaron al mundo Fernán González el "Buen Conde", y doña Sancha, la condesa.

Un infante ha sido parido sano en la decrepitud de la Edad Media
en el exterior / en las acequias / se hallan los cadáveres de los recién fallecidos
ciertos con tumores otros con anomalías de serafines defectuosos
El alcázar de Lara mantiene las tranqueras atascadas para que no irrumpan los mendicantes, los peregrinos y otros extranjeros ilícitos.



Sueño de un nigromante
 


En ese tiempo tenía el delirio de un nigromante que descubre
una aldea bajo el suelo del desierto.
Pircas de piedras cáusticas devastadas por la arena
momias atolondradas parecidas a mi padre mortecino.
No era la inocencia que infiltraba la duda
sino el espejismo que causa la muerte.
Me alejé hacia el páramo
para escuchar la fuerza de mi pena replicando en el baldío.
Vagué por la planicie y pasé noches enteras
mirando las estrellas.
Días de dogma absoluto en la llanura
rastros que resplandecían en la piedra caliza
en un paraje al borde de la tierra mísera:
¿Estaban acaso mis hermanos allí o quizás mis enemigos?
o tal vez mi padre en las ancas de un escarabajo
huyendo (de un lado para otro) en la severidad del universo.




El páramo de la indiferencia
 



Una lagartija desorientada se acerca a la barrera de adobes al salir la luna
Las cigarras y los grillos ensayan sus salmos nocturnos en el páramo de Tindouf.
Son espejismos de un extraño que viene del pedregal en una caravana de camellos blancos.
Los insectos acrecientan sus cantos gregorianos en este nuevo trastorno de demencia que plena mi razón con infantes en guerra. La Legión Extranjera,
los guerreros saharahuíes, por prudencia Salem mi acompañante se queda en total mutismo. Ahora unos bereberes entonan un himno de combate alrededor de fuego con sus alfanjes en alto
Mi orfandad inútil de recién nacido en la aridez desértica me acobarda. ¿Qué hacían las tropas francesas en Argelia? Parece que mis ancestros estuvieran aún en Tassilih como pintores rupestres. Quizás estuvo allí mi bisabuelo Domingo Aguilera o sus progenitores.
Tindouf es marga endurecida, caliza desvanecida con el sol diurno
Entro a La Daira de Dchera y me animan los vocablos de los muchachos que juegan en la sequedad de la planicie. Esnefer cuece un pan ácido en un plato de metal y los viejos tiran unas piedrecillas en un juego dogmático para viejos.
En Rabuni las aves rapaces regresan a perseguir ratas antes de que ensombrezca y dos alacranes gigantes se disputan una lombriz sobre la caliza muerta. ¿Y si reaparecieran los consorcios tras el fosfato?.¿Habría historia?
Una niña morena me pide una moneda con su imaginación alargada tras de sus manos. Veo tiendas con luces ciertas en una abandonada identidad.
Saharahuíes sin patria y sin fronteras.
Las dunas se enrojecen al término del día, se disgrega el espacio. El desierto es distinto a mi tierra, sin espesura. Un reptil perdido se allega a la pared de arcilla al emerger la luna. Es la melancolía que trae el aire en la enemistad de la noche en el erial de Tindouf.

Reminiscencia




Soy el ángel caído el animal de tus propias fábulas
en palpable catadura
los párpados húmedos los ojos en llanto
azorado e irracional en la noche de mi despedida.
La trama del olivo bajo el sol el regreso desflorado
en tus caderas
el sexo ahíto y el ánsar grazna al mismo tiempo en la
penumbra y en mi oído
qué pudor tan sonrosado si hay capullos en flor
en la tangencia del tacto en el tejido desnudo
con el olfato cercano a tus pechos y a los bálsamos del Asia
Soy una fiera fingida manifiesta en sus antojos.
pero qué conservas tú de la doncella en ti
que guardas tú en ella de su antiguo fulgor
así la estirpe cándida la mezquina saciedad del cabrío
de pronto siendo mujer en vestidura
de ímpetu y en rapto
Es así que profiero estas palabras la luz en lágrimas
el deleite es perpetuo cuando el animal ama
y vuelve a la caricia a la reminiscencia de los años corpulentos
a la despreciada sensatez
de los sentidos
a la perpetua ambigüedad de la calma.
 

Sergio Badilla Castillo
Valparaíso (Chile)

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