Corrección sin política
Ricardo Azuaga *

 
Cuando Ramón Sampedro decidió solicitar al aparato legal español la autorización para cometer suicidio asistido seguramente no tenía intenciones de convertirse en un provocador. Su fama, el escándalo y los debates suscitados antes y después de su muerte no los produjo él de manera intencional, sino los medios de comunicación, las diversas ONG’s que lo apoyaron, la justicia española y la iglesia.

No parece ocurrir lo mismo con Mar adentro, la película de Amenábar basada en un suceso que, aún hoy, sigue siendo polémico por las reacciones que suscitan en nuestra sociedad temas como la eutanasia, la muerte asistida o el suicidio. Es decir, al partir de un hecho como el descrito, el filme parece apostar por la polémica. Sin embargo, no es ésta la sensación que experimenta el espectador al salir de la proyección.

Mar adentro presenta una construcción casi intimista: un número reducido de personajes, pocos exteriores, muchas expansiones y abundancia de diálogos. Así, la película se centra en Ramón y trata de explicarlo a través de sus sufrimientos, su sentido del humor, sus discapacidades, sus reflexiones, su talento y sus temores. Pero también pretende que el espectador lo entienda todo a través de los sentimientos del personaje. Esto quiere decir que Amenábar coloca lo individual por encima de lo social o lo político y que busca la identificación del espectador a través de la emoción. En el arte, lo primero no tiene por qué ser un defecto: de la pintura al cine, el retrato de un individuo puede también reflejar su contexto. Pensemos en Goya o en los filmes de Bergman.

La manipulación de las emociones es asunto más complicado. Conmover al espectador puede implicar una toma de conciencia, como ocurre con Brecht por ejemplo. Pero la emotividad no siempre invita a reflexionar. Puede también empujar al espectador a tomar una posición irracional que, por lo general, niega cualquier posibilidad de discusión.

Amenábar echa mano a este recurso para captar la atención del espectador. Y lo hace rodeando a Ramón de personajes que lo aman. Allí estarían Gené, funcionaria de una ONG que defiende el derecho a una muerte digna y que dará a luz a un niño sano, símbolo de nuevas vidas y esperanzas; Julia, abogada que sufre una enfermedad degenerativa y tomará a su cargo el caso de Ramón para terminar comprendiéndolo y enamorándose de él, como manda el cine institucional; el padre, algo marginado pese a su sensatez; el hermano, rígido y opuesto a las ideas de Ramón; el sobrino, joven, simpático, inconsciente; Manuela, la cuñada casi madre, silenciosa, sumisa, y Rosa, madre soltera, mujer abandonada y maltratada, enamorada de Ramón y autora material de la muerte asistida. Nada más conmovedor.

Por supuesto, hay otros opositores: la justicia, que no entiende razones personales, y el cura, es decir, la iglesia, los únicos villanos de la película. Sin embargo, las apariciones de esas instituciones son tan breves, aunque dirigidas con talento, que la supuesta polémica es difícilmente sustentable. Es decir, no importa mucho que por momentos aparezcan representados los medios de comunicación, la iglesia o la justicia española, porque mostrar diversos puntos de vista no necesariamente implica fijar posición. Es distanciarse y convertirse en un mero observador. Y a estas alturas, si un artista aspira a intervenir en la sociedad, o lo hace o no es artista.

El verdadero creador se mueve en el mundo de la disidencia, de la provocación y de la lucha de ideas, aunque esto no sea políticamente correcto. Si opta por la simple observación y acepta el todo vale, vale más que renuncie a tal rol por muy talentoso que pueda ser. Y Amenábar, para bien o para mal, tiene talento.

P.S.: aunque las comparaciones no sean gratas, es inevitable recordar My Left Foot (Jim Sheridan, 1989), un filme donde lo importante es cómo el protagonista, pese a sus limitaciones físicas, supera los obstáculos impuestos por un medio social terrible. Y esto sin predicar ni emitir esos artificiosos “mensajes positivos” a los que nos estamos acostumbrando con asombrosa mansedumbre.


*Departamento de Cine, Escuela de Artes, Universidad Central de Venezuela.


Mar adentro. España/Francia/Italia, 2004. Dir.: Alejandro Amenábar. Prod.: Alejandro Amenábar, Fernando Bovaira, Emiliano Otegui. Guión: Alejandro Amenábar, Mateo Gil. Música: Alejandro Amenábar. Fot.: Javier Aguirresarobe. Mont.: Alejandro Amenábar. Dir. Art.: Benjamín Fernández. Vest.: Sonia Grande. Son.: Ricardo Steinberg. Int.: Javier Bardem, Belén Rueda, Lola Dueñas, Mabel Rivera, Celso Bugallo, Clara Segura, Tamar Novas.

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