Viaje por el cuerpo  
Marcos Vieytes
 

La palabra aventura invoca, ante todo, una actividad física febril, exigente y variada. El de la aventura es un género que linda con lo maravilloso y con la posibilidad de acceder a él mediante el cuerpo. El cuerpo propio y el ajeno como terra incognita a descubrir y conquistar o como vehículo de esa conquista; el cuerpo como medio y como fuente de conocimiento.

Para Rodrigo Fernández y Denise Nagy la vida de Armando Bo es la aventura de su cuerpo y la de la imagen del mismo retratada en las revistas de época y en el celuloide renuente a la clasificación que filmó su biografiado. Consistentes y objetivos argumentos los asisten: por un lado, la minuciosa colección de fotografías y recortes periodísticos de preeminencia visual que Bo supo acumular sobre sí mismo durante toda una vida; por otro, su destacada carrera como jugador de básket (fue el primer profesional argentino en tal disciplina), su acceso al cine como galán y, posteriormente, su aparición protagónica en casi todas las películas que dirigiera.

Por supuesto que si hablamos de cuerpos y de Armando Bo, no podemos dejar de mencionar el de Isabel Sarli, su amante, socia y actriz fetiche durante casi tres décadas. Alrededor de su cuerpo cinematográfico Bo entabló, más o menos concientemente, batallas contra la censura sexual, el bloqueo económico a la producción cinematográfica independiente, el estéril elitismo intelectual y sus propias limitaciones físicas y estéticas.

Decimos que su actitud fue más o menos conciente porque los autores dejan sentado que Bo no fue un mártir ni un adalid de la lucha por la libertad de expresión (su admiración por el golpista almirante Rojas, sin ir más lejos, no permitiría sostener dicha hipótesis). Fue, eso sí, un perseverante trabajador cinematográfico que comprendió el carácter industrial de la actividad en la que estaba inmerso, y cuya sincera tozudez expresiva dio por resultado una obra en la que el sostenimiento a ultranza del lugar común sentimental abre una zona de goce estético inusual, anacrónica y por eso mismo perdurable.

El libro tiene la virtud de parecerse a un relato de aventuras clásico. Las fieras son reemplazadas por funcionarios poco menos que medievales, madres desveladas por custodiar la ostensible –aunque dudosa- castidad de sus hijas, productores paraguayos que se fugan con el dinero minutos antes de iniciarse una filmación y demás peligros del oficio artístico. El Delta del Paraná, la India o los pasillos interminables de oscuros ministerios militares son los riesgosos parajes por los que el héroe y su chica deambularán en pos de un tesoro inapreciable: la financiación necesaria para comenzar el rodaje de una nueva película.

La aventura literaria de los autores –como la aventura vital de Bo- no está exenta de hallazgos y de humor. Prueba de lo primero es el diálogo imaginario entre Borges y Bo que bien pudiera haber formado parte de la Historia universal de la infamia del primero o, lisa y llanamente, de la realidad. Del otro rasgo da cuenta la anécdota que copio a continuación –ocurrida durante la filmación en Sudáfrica de La diosa virgen de Dick de Villiers durante 1973-, transcripta a su vez por Nagy y Fernández del libro Armando Bo: la pornografía ingenua, de Rodolfo Kuhn, uno de los pocos directores argentinos que reconocieron la importancia de su colega para el cine latinoamericano:

El director era un hincha pelotas. Era de esos que miran largo rato por el visor y eso a mí me pone nervioso, porque últimamente, cada vez que miro por una cámara siento que realizo algo siniestro... Para colmo, ese tipo pretendía que dijéramos la letra en inglés, para lo cual nos había dado un librito de fonética. El primer día nos aguantamos pero después le dije: “Mister, así no va”. ¿Sabés qué hicimos? Arreglamos con Isabel que en cada toma recitaríamos la formación de Independiente. ¿Te imaginás una escena de amor? Yo la miraba y le decía: “Santoro, Sá, Pavón”. Y ella contestaba: “Comisso, Raimondo, Semenewicz” con todo cariño.


La gran aventura de Armando Bo. Biografía total, de Rodrigo Fernández y Denise Nagy. Libros Perfil, 279 págs. Buenos Aires, 1993.


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