Masculino-Femenino
Marcos Vieytes

a Miguel A..


F.G.: A propósito, ¿cree usted en la amistad entre un hombre y una mujer?
B.-H.L.: No..., más bien no.
F.G.: Yo sí creo en ella. Después. Después que se ha agotado el deseo que han podido tener el uno por el otro. Cuando ya no interfiere nada erótico. Entonces, cuando uno se conoce bien y no se han hecho un mal imperdonable...
B.-H.L.: Siempre se hace un mal imperdonable.
F.G.: Yo debo perdonar más fácilmente que usted.

Bernard –corresponsal de guerra, docente universitario, filósofo- y Francoise –guionista de cine, asistente de dirección, editora- deciden juntarse semanalmente a lo largo de un verano para hablar de hombres y mujeres y luego recoger sus conversaciones en un libro. Como hacen los personajes del díptico cinematográfico de Richard Linklater (Before sunrise y Before sunset), Bernard y Francoise se entregan al diálogo con pasión, ternura y elegancia. Ella es treinta años mayor que él, alegre, inteligente y seductora. Se adivina que tiene amores y que tuvo amantes. El es simpático, educado y nunca se olvida de cortejarla sutilmente.

¿Son Francoise y Bernard los personajes de una verborrágica película francesa? Porque aunque es cierto que son Bernard Henry-Levy –autor de Cuestión de principios y Los últimos días de Baudelaire- y Francoise Giraud –cofundadora de L´Express- reuniéndose para conversar sobre el amor y entre ambos construir un libro para el editor Olivier Orban, también es cierto que algo ligeramente irreal se cuela por entre las páginas de este ensayo dialogado. Algo tan imperceptible como ese instante en el que pasamos de ser lectores a protagonistas del libro que leemos o, en este caso, interlocutores del mismo. ¿O será que toda grata charla entre un hombre y una mujer participa del universo de la ficción? ¿O será que la cercanía y la comunicación tienen la potencia subversiva de alterar el sustrato más íntimo de las identidades?

Los personajes-autores de este libro hablan de ello y de la liberación de las mujeres como tema de irrisión; hablan de la fealdad como injusticia fundamental y del sentimiento amoroso, extenuado en su expresión; hablan de los celos consustanciales al amor y del amor como paraíso y como infierno; hablan del erotismo como ingrediente del matrimonio y de la fidelidad como goce; hablan de la diferencia entre los sexos concebida como irreductible, y de la seducción y sus juegos.

Hablan y hablan pero uno no se cansa nunca de escucharlos, de leer entre las palabras lo que ni siquiera la abundancia de ellas puede ocultar: el inigualable encanto subyacente al encuentro de los sexos. El tiempo los rodea y los atraviesa de un modo material y palpable y así podemos revivir esas contadas circunstancias en las que nosotros hemos sido protagonistas de hallazgos similares.

Es notable comprobar a lo largo del libro que, a pesar de la distancia que un proyecto editorial y no espontáneo como el que los llevó a reunirse establece entre ellos, no disminuye la tensión siempre presente entre un sexo y el otro. Los hombres y mujeres estamos impelidos a gustarnos, y las palabras –cuando sabemos y podemos usarlas- suelen ser una mediación irresistible que civiliza la violencia de ese impulso y le da tantas formas como podamos imaginar.

Agregar que mientras leemos este libro también estamos conversando con Mauriac, Stendhal, Bataille, Pavese, Baudelaire, Barthes, Rohmer, Degas, Proust, Buñuel, Rougemont, Hemingway, Dreyer, Woolf o Musset no es imprescindible para disfrutarlo; diría que es casi un gesto de voluptuosa suntuosidad.


Hombres y mujeres, de Francoise Giraud y Bernard Henry-Levy. Edic. Temas de Hoy, Madrid, 1993, 254 págs.
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