Senza fine
Marcos Vieytes


Sarah Polley es bajita, flaca y pálida. Tiene ojos claros y unas manchas que no alcanzan a ser pecas, pero su mirada le otorga al cuerpo una intensidad y dimensión inusuales. Bajo nuestra mirada, adquiere el tamaño del estoicismo práctico de su personaje. My life without me (Mi vida sin mí) —y la magnitud de la empresa de su protagonista— son inconcebibles sin su grandeza. Decir que unos cuantos primeros planos de ese rostro de nariz y pómulos chatos son de una belleza potente y peculiar no es inexacto ni gratuito. (The weigth of water, película inédita de Kathryn Bigelow, otra mujer de armas tomar, también lo hace manifiesto con dos roles —a falta de uno— no ajenos a las características de este.)

Ann (Polley) se entera de su próxima muerte y decide facilitarle los últimos días —y los posteriores a su ausencia— a su madre (Debbie Harry), su esposo y sus dos hijas, ocultando el cáncer y las consecuencias del mismo, negándose a perder el resto de su escasa libertad agonizando en un hospital. Vale decir que allí la película parece escoger un género cuando en realidad elige otro: el drama romántico en detrimento del melodrama que despunta.

El punto de partida argumental es tan extremo como la austeridad —y la autoridad— con que Isabel Coixet lo filma. Ann aprovecha los dos meses que le restan de vida para cuidarse el pelo, ir a un bar, y enamorarse sin abandonar jamás sus sentimientos conyugales. Esto da como resultado una melancólica historia de descubrimientos vitales en vez de una de sacrificio y exaltación de la muerte.

Ann no es Juana de Arco —nos dice la directora en el diario de filmación— ni tampoco la Joan Crawford del melodrama que su madre mira en la televisión para después contarle a sus nietas, sino más bien la heroína de bajo perfil de un western clásico que hace lo suyo sin espamentos. Parece increíble pero en ese cuerpo diminuto cabe también el de John Wayne con toda la buena salud —vaya paradoja— de los personajes de Hawks —no la suya, que sucumbiría ante el cáncer— más la de los atormentados vaqueros protagonistas de las películas de Anthony Mann a los que James Stewart les puso el cuerpo.

Quizás debido a mi torpeza, recién cuando lo pensé —horas después y no en el inmediato momento de verla— pude valorar la entera dimensión del personaje, aunque prefiero creer que fue así porque tal como Ann sustrae de la mirada ajena las evidencias de su dolor, Coixet filma con una modestia y un pudor que hacen parecer trivial a una película que tiene, entre otras, tres o cuatro secuencias extraordinarias (el encuentro con Lee en el lavadero, la fantasía musical en el supermercado, el beso en el auto bajo la lluvia, la primera conversación con el médico) y un tono exacto de contenido romanticismo que no abandona jamás.

En la más simpática y significativa escena del material extra Isabel Coixet le dice a Mark Ruffalo (Lee) que no quiere una actuación para el Oscar tipo Al Pacino. Algo menos sobre actuado, pensamos nosotros inmediatamente. Luego Ruffalo y Coixet se ríen juntos para el documento de filmación y nos damos cuenta de que ése era el registro querido —y conseguido— para la película. Incluso cuando Polley, grabando los mensajes para sus hijas en el auto, corre el riesgo de enfatizar una escena ya de por sí emotiva, el montaje entrecortado evita la posibilidad del exceso sentimental.
Al borde del desborde, Coixet apaga la cámara o le aplica al celuloide un certero corte de tijeras. Al borde del final, qué mejor que acabar con un párrafo sin punto y aparte, y con la letra de una canción —Senza fine, de Gino Paoli— de una belleza tan interminable como la de esta película que sigue rodando en nuestra memoria sin final


Senza fine
Tu trascini la nostra vita
Senza un attimo di respiro
Per sognare
Per potere ricordare
Ciò che abbiamo già vissuto
Senza fine, tu sei un attimo senza fine
Non hai ieri
Non hai domani
Tutto è ormai nelle tue mani
Mani grandi
Mani senza fine
Non m'importa della luna
Non m'importa delle stelle
Tu per me sei luna e stelle
Tu per me sei sole e cielo
Tu per me sei tutto quanto
Tutto quanto io voglio avere
Senza fine...

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My life without me (Mi vida sin mí). España y Canadá, 2002. Dirección: Isabel Coixet.Protagonistas: Sarah Polley (Ann), Amanda Plummer (Laurie), Scott Speedman (Don), Leonor Watling (Vecina), Deborah Harry (Madre), Mark Ruffalo (Lee), Sonja Bennett (Sarah), Alfred Molina (Padre), Jessica Amlee (Penny), Kenya Jo Kennedy (Patsy), María de Medeiros, Deanne Henry. Guión: Isabel Coixet; basado en el relato 'Pretending the bed is a raft' de Nanci Kincaid. Producción: Esther García y Gordon McLennan. Música: Alfonso de Vilallonga. Fotografía: Jean-Claude Larrieu. Montaje: Lisa Jane Robinson. Diseño de producción: Carol Lavallee. Dirección artística: Shelley Bolton. Vestuario: Katia Sano.

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