Coca light
Mauricio Mex Faliero

Chica colombiana desocupada decide aceptar un trabajo como mula y llevar en su estómago cerca de sesenta pepas (así se denominan a los envoltorios que contienen cocaína) hacia los Estados Unidos. Los presagios eran los peores: miserabilismo latinoamericano for export con facturación made in USA. Pero como uno debe estar dispuesto a la desilusión tanto como a la sorpresa, igual nos enfrentamos a María, llena eres de gracia, irónico y marketinero título dirigido y escrito por Joshua Marston.

María es uno de los apodos de la cocaína. María Alvarez también es la protagonista del film, una candorosa interpretación de Catalina Sandino Moreno, gran responsable de los mínimos logros de la película, amén de cargar con un personaje totalmente ingrato. La joven trabaja como florista y comienza a tener problemas laborales, mezclados con los sentimentales al quedar embarazada de su novio en una relación que no tiene visos de futuro. Los primeros minutos de María, llena eres de gracia recuerdan visual y narrativamente a cierto cine asiático, por su pausado y suave transitar. No obstante, los problemas -más éticos que cinematográficos- comenzarán a llegar pronto.

El primer traspié del director Marston queda expuesto en el momento en que María accede a trabajar como mula y traficar drogas a los Estados Unidos. Es que la protagonista acepta casi sin dudar una tarea que, como se encarga de explicitar el guión, pudiera conducirla a la muerte si se le reventara alguna de las cápsulas en el estómago. Comprendemos que María sea una chica de familia humilde y está desempleada pero ¿no existe un mínimo de introspección moral que la haga pensar en tal situación? ¿Usted no lo dudaría un día o dos antes de aceptarlo? Para Marston estar cerca de la línea de pobreza es también estarlo cerca del delito. Aunque, en realidad, la pregunta de fondo es si puede haber una conexión emocional entre el espectador y un personaje como este, sobre todo cuando la película lo pide a gritos.

Decía que los problemas del film son más éticos que cinematográficos, ya que todo está expuesto con un ritmo sostenido y una claridad narrativa que nunca nos confunde y nos conduce en una línea recta sin detenimientos. El inconveniente es que resulta demasiado forzada desde el guión para contar lo que importa: el viaje de las mulas. Como así también resulta forzado el embarazo de la protagonista -que sirve estructuralmente al relato- para que la joven no pueda ser examinada al arribar al aeropuerto de los Estados Unidos. Observe el espectador cómo el tema del embarazo es retomado luego sólo cuando motiva un nuevo hecho funcional a la trama. Aunque sirve para darle una segunda lectura al título, no es más que otra de las tantas excusas gratuitas de la película para abusar de la metáfora.

Igualmente, hay cosas positivas en María, llena eres de gracia. Una de ellas es la manera -algo didáctica por cierto- en que se muestra el entrenamiento de las mulas. Marston apela a formas cercanas a lo documental y nos introduce descarnadamente en una realidad invisible. Estos pasajes, lastrados de toda subjetividad, hallan una explicitud acertada. El tono casi paternalista con que el jefe de los traficantes trata a María transmite cierta emoción, y se desmarca de la vulgaridad típica del cine de denuncia. El tráfico de drogas -y sus integrantes- tienen códigos. Es un trabajo con sus reglas y sus condiciones.

Pero el director, lamentablemente, no se conformó con esto. Ni siquiera con realizar un tratamiento liso y llano de las mulas y su melancólico transitar. La película continúa mucho más allá de la llegada de las traficantes a los Estados Unidos -María va acompañada de un par de colegas- y allí se observan los peores momentos, y las peores intenciones de Marston. Resulta que cuando creíamos estar viendo una película sobre la traumática condición de estas chicas, todo fue una excusa -otra más- para una serie de mensajes sobre lo mal que se vive al sur del continente y lo linda y buena que es la gente en los Estados Unidos. Claro, salvo un par de latinos que son medio turros. Es decir, cine hecho fuera de las fronteras de George W. Bush, pero con unas ganas terribles de estar adentro, y con una apetencia mayúscula por ganar premios en festivales internacionales de cine.

No dudo de que acusar al director de fascista sería torpe y algo desacertado, puesto que su película termina siendo tan endeble que ni siquiera llega a irritar con su bajada de línea republicana e imperialista. María, llena eres de gracia intenta ser cocaína diluida en un mar de lágrimas. Pero este mar de lágrimas nunca se produce porque a partir de la carencia de emotividad narrativa y de un personaje que provoca distancia no se puede generar nada, más que hastío e indiferencia hacia su calculada exposición de miserias latinoamericanas.

María, llena eres de gracia (Idem). EE.UU - Colombia 2004. Director: Joshua Marston. Guión: Joshua Marston. Fotografía: Jim Denault. Montaje: Anne McCabe, Lee Percy. Dirección de arte: David Murray. Música original: Leonardo Heilblum, Jacobo Lieberman. Intérpretes: Catalina Sandino Moreno (María Alvarez), Yenny Paola Vega (Blanca), Virginia Ariza (Juana).

|| Información |Contacto |Archivo ||


Copyright © 2003-2006 zonamoebius.com

Prohibida la reproducción de cualquier parte de este sitio web sin permiso del editor
Todos los derechos reservados