El acto temerario
Marcos Vieytes
El creador está constantemente obligado
a hacer una opción valerosa y a sostener esa elección.
El acto creador del conocimiento es un acto de amor electivo.

El sentido de la creación
, cap.1 pág. 42

Lo menos que se puede esperar de un libro que lleva por título El sentido de la creación es que sea creativo y éste, indudablemente, lo es hasta el punto de hacernos oscilar entre los extremos de la imaginación aérea y la imaginación subterránea –en la que Bachelard bien se hubiera zambullido- que dominan los registros de su escritura. El énfasis está puesto, a lo largo de las páginas, en la función que el arte y el pensamiento cumplen dentro de un sistema religioso y no fuera de él.

Escrito desde una tradición 'cristiana' que, a veces, derrapa en el misticismo (los capítulos 2 y 13 no me dejan mentir al respecto), resulta sin dudas anacrónico en el panorama intelectual de hoy, pero sumamente atractivo y no pocas veces brillante. Justifico el uso de las comillas en la frase precedente por la notoria influencia del platonismo en el autor, y es sabido que este pensamiento no formó parte del cristianismo hasta el siglo segundo. No está de más aclararlo, puesto que a dicha confusión se deben los pasajes menos rigurosos del libro y toda una tradición que, con Tomás de Aquino a la cabeza, reincorpora el concepto del alma inmortal al cristianismo contemporáneo y con él, el divorcio entre razón y fe y religión y ciencia, que no deja de hacerse evidente en este libro.

De particular interés revisten los diálogos que Berdiaev sostiene en los primeros capítulos con Dostoievsky y en el 17 con Nietzsche. De ambos reivindica el desmesurado gesto creativo que se revela contra el devenir mecánico del ser y del mundo, y lo hace con el mismo lúcido fervor de ambos, participando más poética que analíticamente del quehacer filosófico. Esa aséptica mecánica del mundo, ese imperio de la necesidad que es la existencia para sobrevivir, sólo pueden adquirir sentido y realidad cuando el hombre ejerce su albedrío en la plenitud del acto creador. Más o menos para el mismo tiempo Bataille, en La literatura y el mal, identificaría a este último en términos muy parecidos a los del ensayista ruso.

Aunque Berdiaev disiente de la caracterización nitzscheana del cristianismo como religión de los pusilánimes, no duda en unírsele para atacar el asesinato de lo sagrado que se efectúa al institucionalizar férreamente la adoración, escindiéndola del desempeño cotidiano y creativo del ser. 'De nada sirve refutar a Nietzche; lo que hace falta es vivir su experiencia y superarla cada cual en sí mismo.”, propone cerrando el penúltimo capítulo. En eso anduvo todo el siglo XX y en eso anda, todavía, el nuestro.


A los lectores argentinos (y más precisamente porteños): sobre mano izquierda –según se va al río- de la cuadra de la avenida Corrientes que está entre Callao y Riobamba, en la Capital Federal, pueden conseguirse ejemplares de El sentido de la creación a $1.- o $2.- junto con El espíritu de Dostoievsky, del mismo autor y al mismo precio.

El sentido de la creación. Nicolás Berdiaev. Carlos Lohlé ediciones. Bs. As, 1978, 412 páginas.

Menú

||| Información |Contacto |Archivo ||


Copyright © 2003 - 2006 zonamoebius.com

Prohibida la reproducción de cualquier parte de este sitio web sin permiso del editor
Todos los derechos reservados.