Pon tu cabeza en mi hombro
Mauricio Mex Faliero

 

Cómo arrancar el comentario sobre una película que nos subyugó. Podríamos explicitar miles de sentimientos, pero sería contradecir el propio espíritu del film, puesto que todo lo que dice lo dice de forma implícita, pudorosa. Sofía Coppola optó por arrancar su Lost in translation (Perdidos en Tokio) con el primer plano del culo de la protagonista Scarlett Johansson, recostado sobre una cama. El culo, símbolo físico de la redondez. Podríamos decir entonces que Lost in translation es una película redonda.

Bob Harris (Bill Murray) es un actor con un pasado exitoso que viaja a Tokio para hacer el comercial de una marca de whisky. Charlotte (la mencionada Johansson) es la joven esposa de un fotógrafo de artistas que está trabajando en esa ciudad. Tanto Bob como Charlotte son dos almas solitarias, hospedadas en un lujoso hotel en una tierra lejana, aisladas del contexto, en cierta forma hastiadas, que se irán conociendo de a poco mientras combaten el insomnio.

No obstante, el progresivo encuentro entre ambos personajes se dará avanzada la película, puesto que la directora prefiere que primero el espectador se sienta como Bob Harris, al ponernos en su punto de vista. Los primeros minutos son de conocimiento del terreno, de intentar amoldarse para finalmente convencerse de que un lugar tan diferente en forma y contenido sólo puede provocarnos un gran displacer. Sobre todo si como Bob estamos en el pliegue de una vida que, como se deja entrever a través de las llamadas y mensajes de su mujer, nos tiene aferrados a la rutina.

Sin embargo por el lado de Charlotte las cosas no son mejores. La joven, egresada de la carrera de Filosofía, odia el mundo frívolo de su esposo y se siente estancada. Pero Coppola, que también es la guionista, nos muestra el aturdimiento emocional de los protagonistas con el perfil dinámico de ambos: el cincuentón, de vuelta de la vida, prefiere quedarse en el bar del hotel, ahogando sus penas en whisky, paseando sus ojeras por los pasillos; la veinteañera, buscando alguna explicación que sustente su existir, decide explorar la cultura, conocer, viajar, trasladarse. Uno implota, la otra explota. Ambos intentan transcurrir de la mejor manera, y sólo lo lograrán juntos.

Pero Lost in translation es un film romántico, y no uno cáustico y cínico. Y la directora define por el camino del amor la existencia de Bob y Charlotte. Eso sí, se trata de un amor sugerido, hasta por los personajes: por medio de canciones en el karaoke, a través de una cabeza que se recuesta sobre un hombro, con una mano que acaricia tímidamente un pie. Precisamente en ese momento, cuando un plano cenital nos muestra a ambos recostados en la cama—una cama sin sexo, pero de una ternura que demuele—, y él le toca el pie desnudo a ella, cuando Lost in translation se mete al espectador en el bolsillo. En esa escena, como ha dicho el propio Bill Murray en una entrevista, es cuando te das cuenta que el film te gusta o no. Es la clave.

No obstante toda la sapiencia de Coppola se revela en los últimos minutos, a la hora de la despedida, para el espectador y para los personajes. Hasta allí la película tenía un ritmo interno pausado, como el transcurrir de los personajes. Sobre el desenlace, Coppola opta por evitar el clásico estiramiento de las comedias románticas, acude a la elipsis y define todo con una escena certera y precisa que remite al final de Manhattan de Woody Allen, pero en otra velocidad, sin aquella corrida vibrante. “Al lugar donde fuiste feliz no debieras tratar de volver”, dice Joaquín Sabina en su tema Peces de ciudad. Algo similar le dice Charlotte a Bob, en el cuarto de hotel en donde miran La Dolce Vita. Tal vez lo vivido por ambos sea irrepetible en otro contexto. Bob lo sabe, y por eso su ternura; Charlotte lo presiente, y por eso intenta aprehenderlo. Lost in translation habla de la experiencia, del tiempo y del lugar, y de cómo todo esto influye sobre el amor.


Lost in translation (Perdidos en Tokio), EE.UU, 2003. Directora: Sofía Coppola. Guión: Sofía Coppola. Fotografía: Lance Accord. Montaje: Sarah Flack. Dirección de arte: Mayumi Tomita. Interpretes: Bill Murray (Bob Harris), Scarlett Johansson (Charlotte), Giovanni Ribisi (John), Anna Faris (Kelly).

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