uno
dos
tres
cuatro
cinco
seis - Biombo

 

 

 

 

«…el viento, decidido a la limpieza. Llega el día como siempre y no puedes salir, ocupa él toda la calle. Te limitas a mirar por la ventana: él, que pasa veloz o él, que pasa lento, él enfurecido en grandes tolvaneras, visitadas por el sol y adamantinas o castigadas por el hondo pesar de sombrías nubes, renegadas, o segadas por la lluvia cuando apenas se alzaron para el baile; él que se lleva lo inservible, lo descuidado, la caja, el papel, la cuerda y con todo ello el horizonte, tu horizonte observador y crea un mundo móvil, sumamente reñido, levemente glorioso, sin ritmo y sin descanso; él que pasa con disimulo impredecible, acariciador, sanador, soplando sin vehemencia y sin premura,

Y luego cesa, así, de pronto. Tú sigues mirando en el centro del cuarto, inmóvil, leyendo aún esa maravillosa ceguera, con los ojos de dentro de par en par, con los de fuera vueltos hacia él que se te vino, que se escondió en tu sima y pasa veloz o pasa lento, remansado en rumores: de luz, de hojas, de agua, de arena; y de aquel sedimento de vida largamente atesorado lo inservible se va o lo lleva él, sin duelo, apenas polvo, como una lágrima a su reino.

Me pregunto si en ese reino inaccesible alguien ve nuestra calle detenida y desliza la mano como quien rubrica su más fiel esperanza, inventa el primer signo de un nuevo lenguaje, y orilla…»

Stilya

dos
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