JUAN I
SMAEL RAMÍREZ LABASTIDA

 
HIPSTER BE BOP
   



No recuerdo cuando fue la primera vez que estuve junto a un junky,
quizá haya sido cuando comencé a beber;
y posiblemente
lo que desencadenó haberme dado cuenta de que
desde hace tiempo era “algo así” como un hombre-derrotado,
fue dormir durante varios meses frente a la puerta de la casa de Idalia,
con el bop saliendo de mi walkman a todo volumen,
cargando una vieja edición norteamericana de “On the Road”;
y mientras,
conversaba con ancianos raquíticos,
y pensaba en Idalia como una hipster;
no tan desarrapada como Esperanza Villanueva (Tristessa),
pero si desecha,
convertida en un pedazo anacrónico de alguna parte perdida de mi infancia,
tan perdida como Ella Fitzgerald y ese acetato de Kerouac
del cual ya no he podido escuchar
—Charlie Parker looked like buddha—;
y a veces,
aún con dolores estomacales y tirándome pedos,
caminaba al Salón Orizaba,
para terminar bebiendo al lado de putas horrorosas
y estridentes risotadas de “alegría”.
TUBERÍAS OXIDADAS
 
  Últimamente el tiempo me ha parecido que se vicia;
cuando más quiero que las horas pasen rafagueantes,
zumbando sobre mis manos frías;
se va deteniendo,
hiriendo el lugar de los caminos muertos,
penetrando en mi cuerpo como una pequeña astilla de madera
que provoca incomodidad infinita;
y mientras el tiempo transita lentamente,
de mi nariz brota un poco de sangre,
la dejo que fluya sobre el lava-manos,
que corra por las oxidadas tuberías que recubren gasolina y ácido kaínico;
si mi sangre llega hasta la bañera de tu casa,
no la devuelvas por la cañería,
reúne un poco en un frasco,
y con un gotero,
día a día,
déjala caer hacia el abismo.

LA ULTIMA DOSIS (PARKER’S MOOD)
 
  Mi nariz sangra
y mi cuerpo que hace días estaba vacío,
se llena de tu respiración acelerada
y todo se envuelve en un solo de “Bird”.
Hastiado de botellas,
Parker zumba bajo la gruesa colcha color café;
Charlie Parker sopla y sopla
y tus senos apuntan hacia mi,
veo tus caderas desnudas
y pienso en cuándo será la última dosis,
ojalá siempre tenga un pequeño “pinchazo” tuyo;
así como Bird tenía su saxo más metido dentro de él,
que toda la codeína y el whisky que lo terminó;
el bop no lo hizo,
solo que vivió en los 50;
y yo debería pertenecer a algo posterior a la generación X,
pero mientras ella y Parker arremetan mi alma,
me creeré uno de ellos,
de los que llenaban Bird Land para esperar a que Parker subiera al escenario
y tocara Parker’s mood.

NO LO HE CONSEGUIDO
 
  Todos lo consiguen,
sus ropas y mujeres alrededor de ellos;
autos flamantes
y mucha droga;
pero todos ellos saben lo que hacen,
trabajan día y noche,
en bufetes de abogados,
como meseros,
putas,
o de científicos en alguna institución de prestigio;
todos consiguen lo que desean,
con dinero,
sin un billete de 20 pesos en la cartera,
pero todos lo consiguen;
muchos también se dicen enamorados,
también consiguen eso,
consiguen a alguien que los despierte por las mañanas
y que les haga un par de huevos,
todos lo consiguen,
menos yo,
yo no consigo ni que me tomen en serio,
ni publicar más en revistas literarias horrorosas;
esta noche no conseguí beberme ya,
la segunda cerveza;
ascos,
mareos,
ardor al orinar,
mierda,
estoy sin conseguir nada,
y se que no lo haré;
solo he conseguido invitar a la muerte y al tiempo
a pasar la noche conmigo.

ROSAS ROJAS
  Karina se veía radiante,
con su cabello largo,
cargando esas rosas;
yo,
nunca lo había hecho,
se me dio la gana
llevarle rosas rojas;
siempre hay una primera vez;
y la segunda fue más fácil;
pero ha sido la última,
Karina dice que ha sido por un sentimiento de culpa;
mierda,
si tuviera culpas,
la gente a mi alrededor tendría muchas rosas rojas;
no lo haré más;
no tengo culpas,
ni rosas rojas cortadas del césped de la desesperación…
ELLA ES TAN TRISTE
para Karina
 
  Ella se aferra a la soledad,
cada mañana amanece desesperada y harta,
cuando la llamo,
me habla pausadamente,
sin esperanza;
y la imagino encorvada,
mirando hacia el suelo,
con el auricular pegado a ella,
su negro cabello cubriendo sus ojos;
ella está tan triste,
que,
en alguna parte,
las navajas de rasurar
cortan yugulares
y un montón de gente se amarra una cuerda en el cuello;
ella es tan triste,
que dentro de los vagones del metro,
cientos de personas se aferran a su humor,
y mejor duermen,
y pasan las estaciones
y nada cambia,
la tristeza los mata y llegan a sus casas
comen sopa de fideos
y mueren por dentro;
ella es tan triste,
que yo no puedo hacer otra cosa
más que emborracharme
y esperar a que el día de mañana,
desesperada,
se marque las venas y comience a sangrar;
y todo el dolor salga,
incluso el mío,
que se ha quedado dentro de ella.
NO SOY BUK, PERO ME GUSTA MAHLER

 

El "siseo” era incesante,
como el de un viejo acetato;
sonaba mal el CD
pero era la quinta sinfonía,
además tenía una cerveza,
fría y esperando sobre la mesa;
alguna vez quise ser un escritor
y hacía lo necesario,
hasta llegué a creerlo,
pero pronto caí,
me di cuenta de que no soy Buk,
pero aún así,
me gusta Mahler,
la cerveza
y también Céline y Fante;
después de muchos golpes,
me di cuenta de mi vida,
de que no era un escritor;
algún día quise serlo,
lo logré por momentos,
pero ahora sólo quiero tomar aspirinas
y sentarme a que la muerte se digne a darme un empujón.

Juan Ismael Ramírez Labastida
México

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