OSWALDO R
OSES

Las leyes carnívoras
A Óscar Huerta

 

Con la cúpula de Dios en la noche
aviva la nieve negra
la esperanza;
es así,
hay una astucia que afila sus sueños,
sus vengativos sueños,
más indoblegables
que nunca.

 
La queja de Chéjov
 

 

Esta es la flor de la soledad:
mirar,
mirar
cómo escribe una sombra mis recuerdos.

Mirar
bajo la vida alejada
el cariñoso pan,
el beso cortado y el rencor.

Ahí en prisas la muerte calla.

 
Una flor como se pueda soñar
A Ruth

 

Con un largo viaje al horizonte:
te besaré,
si tú me lanzas un rostro
y ya como el agua
-primera ley-
se ilumine, se entregue.

 
Sin poder
A Miguel Hernández
 

 

En este imperialísimo canibalismo
cómo resistir
con los ojos vaciados
de llorar;
en qué fondo hundirse
y guardar el alma;
por qué motivo fiarse
de la luz que no se acaba, que no,
pero acuchilla.

Qué rumbo es la dulzura, Miguel,
desahuciada ya hasta la muerte.

 

Oswaldo Roses
Málaga (España)

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