Rodrigo
quiere ser baterista de una banda punk. Conseguir unas baquetas,
comprar una batería. El resto es pasar el día con la mirada
pérdida en el techo, en el paisaje de la ciudad. Está
así, “como un ente”, desde que murió su mamá.
Está así porque no pudo pasar de primer grado. “Échese
un trago, ande”, le pide su papá. Rodrigo no tiene ánimos
para beber. A su padre ni siquiera se le ocurre pedirle que busque un
trabajo o se ponga a estudiar. Esas no son cosas que pueda hacer un
muchacho de 18 años en Metrallo. "No te desanimes /
Mátate", dice el estribillo de una canción de
Los Mutantes, la banda en la cual Ramiro Meneses tocaba batería
antes de convertirse en Rodrigo D.
No
hay diferencia entre la ficción y la realidad. Víctor
Gaviria escribió el guión de Rodrigo D. No futuro
a partir de relatos de los propios habitantes de los barrios de Medellín.
Cuatro de los integrantes del reparto murieron antes de que la película
tuviera su estreno mundial en el festival de Cannes 1990. “No
nacieron pa´ semilla”. Los “muñecos”
aparecerán en el barranco, en el callejón, en la acera,
antes de que veamos el cuadro final de la película. No futuro.
Punk,
hardcore, heavy metal. El sonido crudo de las bandas
de Medellín que acompaña las imágenes de Rodrigo
D no es más que una forma nihilista de darle salida
a la ira y a la desesperanza. Al final los van a encontrar reventados
en el basurero. No hay lugar para la rebeldía. "Dinero,
problemas… Dinero, sistema...", dice el hardcore
que escolta a Rodrigo en su deambular por el barrio.
La película de Víctor Gaviria nos ahorra la lección
de sociología. “Desechables”, NN (no name),
gamines, sicarios. Los “pistólocos”. Johncito, “El
alacrán”, Rodrigo. Gente, tal cual. La cámara entra
en el barrio. Técnicamente el sonido es pésimo, pero es
suficiente para darnos un registro fiel del habla de Metrallo. Rodrigo
D intenta acortar la distancia.
Ya es lugar común referirse al logro de las interpretaciones
naturales de estos actores no-profesionales. La mejor explicación
sobre la escuela de actuación en la que se graduaron estos muchachos,
la dio John Galvis (quien iba a ser el protagonista de la película,
pero le “tomaron la foto”, cuando intentaba robarse un carro,
un mes antes de comenzar el rodaje): “uno actuando es como robando…
Yo cuando aprendí a robar, aprendí a actuar… Porque
yo no me concebía a mí mismo atacando un tipo […]
En cambio cuando uno va a robar, tiene que identificarse con el ladrón.
¡Imagináte todo lo que yo tendría que cambiar con
vos (señalando a Víctor Gaviria), vos no me ves como el
ladrón, imagináte todo lo que yo tendría que cambiar
con vos para que me vieras como el ladrón!… Entonces yo
tengo que cambiar, totalmente, malicioso y tal, ¡tan!, ¡fun!:
entonces te hago timbrar, te abordo y te asalto… ¡Entonces
ahí está el drama, entiende, esa es la actuación…”
(1)
1. Gaviria, Víctor.
"Reflexiones de no futuro," Borradores de cine [s.d.e. Colombia]
(s.f. circa, 1989). Citado en Kantaris, E. G. (1998) Allegorical Cities:
Bodies and Visions in Colombian Urban Cinema. Estudios Interdisciplinarios
de América Latina y el Caribe, v. 9 (.n 2)