Alex
camina por los pasillos desiertos de su convulsionada escuela
secundaria, casi indiferente, recitando a Macbeth “So
foul and fair a day I have not seen” ("Tan
atroz y hermoso día, yo no había visto")
Aparentemente, Alex es el único de los involucrados que
ha logrado verlo, pero eso no hace menos cierto que los sucesos
de ese día son la evidencia de una profunda inversión
de valores. Esa inversión en la cual lo claro es sucio
y lo tormentoso es desapasionado, es lo que nos muestra Gus Van
Sant, en su Elephant.
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Mostrar es sin duda la
palabra clave de esta película, que se erige sobre un notable
trabajo fotográfico y un puntilloso montaje, bajo una dirección
que explora los fundamentos del cine, la relación entre
el espacio y el tiempo. La fotografía de Harris Savides
es una sucesión de extraordinariamente largos planos-secuencias,
en su mayoría realizados con la técnica de cámara
en mano.
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Un tipo
de toma, que vemos usar sólo ocasionalmente a grandes fotógrafos,
constituye la rutina de trabajo de Savides en Elephant.
Elías, Nathan, Michelle, son seguidos por la cámara
desde el exterior de la escuela (el estacionamiento o las canchas
deportivas) hasta el interior (la biblioteca, los vestidores,
el laboratorio fotográfico).
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Van Sant tiene que haber realizado un trabajo milimétrico
de composición previa, porque los mismos desplazamientos
y encuentros entre los personajes son rodados, dos o tres veces,
con ligeras variaciones de punto de vista y el mismo despliegue
de pericia fotográfica. El resultado es que, a pesar del
convencionalismo y la casi desnudez minimalista de la locación,
las imágenes adquieren una inusual belleza. Ese aparente
esteticismo mueve al espectador a un estado de ánimo contemplativo,
en el cual el ascenso de la tensión es casi imperceptible.
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Van Sant logra así mantener al espectador hipnotizado hasta
el momento en que la prevista violencia se hace presente. El sonido
y la música contribuyen a atenuar la interferencia de las
pre-concepciones sobre los sucesos de Columbine que
cada espectador tenga. Es que resulta difícil hacer entrar
«Para Elisa» en cualquiera de las visiones estereotipadas
de la masacre.
La repetición
obsesiva de los mismos acontecimientos banales obliga al espectador
a hacer un esfuerzo para mantener la atención cuando aparentemente
no está pasando nada. Y, los espectadores que logran enfocar
su mirada en los detalles de cada toma, pueden descubrir los valores
inversos bajo la superficie de la normalidad. |
Sin
el minucioso trabajo de dirección y la sutileza del guión
de Elephant sería bastante fácil
no fijarse en esas inversiones. No fijarnos en que, rutinariamente,
John debe tomar las llaves y el volante de un carro que su padre
no puede manejar. No fijarnos en la insensibilidad de la frase “Most
importantly, have fun” (“Lo más importante,
diviértete”). Por el contrario, con la propuesta desapasionada
de Van Sant, quizás “atravesaremos la niebla y el aire
impuro” (1). Quizás podamos achicar
la distancia que nos separa de esos muchachos vulnerables. Las víctimas,
todas las víctimas.
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(1) William
Shakespeare: Macbeth. Acto I. Escena I.
Elephant,
Dirección: Gus Van Sant. Guión: Gus Van Sant. Montaje:
Gus Van Sant. Fotografía: Harris Savides. Sonido: Leslie Shatz.
Intérpretes: Alex Frost (Alex); John Robinson (John McFarland);
Elias McConnel (Elias); Kristen Hicks (Michele); Eric Deulen (Eric);
Nathan Tyson (Nathan); Bennie Dixon (Benny). Duración: 81 min.
USA, 2003.
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