Elogio de lo raro:
Pedro Casariego Córdoba

Antonio Mengs

Sólo conocía el apellido Casariego por esas maravillosas ediciones de arte a las que tímidamente nos acercamos en escaparates y ferias. Hace unos días llevo conmigo y de prestado 'Poemas encadenados (1977-1987)', escrito por un hombre del mismo apellido que ni siquiera llegó a los cuarenta años —tal fue su voluntad. Sé que es de la familia de los editores, recuerdo haber visto un documental en televisión hace ya tiempo: todo era silencioso, se hablaba de él como en voz baja y entre sombras.
He comenzado a leer lo que se dice son 'poemas' con un gesto medio irónico y dos guiños alternativos de curiosidad, a ver de qué iba. (Errata: antes me dirigí hacia el prólogo de Ángel González, cuyas primeras líneas de estándar motivaron que me saltara prólogo y ya de paso introducción —de Esther Ramón—, aunque no dudo que uno y otra tal vez digan algo interesante. Los leeré al final; queriendo el día distinto, me hallaba ávido de literatura.)

El primer libro de este libro de libros, 'La canción de Van Horne', comienza con un 'poema' que dice así:
'A mi amigo Van Horme
en el día de mi cumpleaños'
 

El segundo, sin embargo

'A mi amigo Van Horne
en el día de su cumpleaños'
 

Tras el impacto de este retrato del ausente en el espejo, superada la presentación de las muchachas camboyanas, la misteriosa H. y el inefable Stirling, fui dándome cuenta de manera progresiva de que aquello no eran poemas en sentido habitual ni, por supuesto, en otros. Algo divertido, lúdico, con mucho disparate, atrapaba mis ojos y ponía en mis labios una sonrisa sin término, en tanto la anécdota se diluía en la multiplicidad y el yo brillaba por su ausencia. A fin de cuentas, como dice el último 'poema' con cierta melancolía y un dejar caer los brazos,

'La canción de Van Horne
dice tan poco acerca de Van Horne.'

 

H. es H. a todas las edades, pero Van Horne es Vanderbilt y dos o tres más. Stirling da nombre a un magnate, un joyero, una calle y varios productos manufacturados. Los personajes son objetos, los objetos otros objetos, las situaciones sus complementarias, los complementarios personajes, los personajes calles, empresas, un dedo pulgar el pulgar de todos...

Los supuestos poemas se convierten en marcas rítmicas. Cuando uno menos lo espera asoma la auténtica poesía:

'Vanderbilt
en un descuido de H.
efectúa un rápido giro
pero tropieza
con el tobillo derecho de Zimmermann
y sus manos dibujan en el aire
una obra de arte
que nadie ve.'
 

Cuando se aplican los recursos de la literatura negra, la mezcla se traduce en un disparo:

'Arde un ejemplar del
Evening Standard de Montevideo
periódico que Stirling leía
cuando ensució la joyería la sombra
del primero de los asaltantes.'
 

Cuando la palabra se enrosca, dejo el adjetivo a criterio del lector:

'Rip piensa
que los labios de H. ven
lo que los suyos
tratan de oír.'
 

¿Es significativo que un personaje se llame ‘Rip’?

Parece como si hubiera una historia detrás de todo... Parte de ella transcurre en un anuncio publicitario, parte en un atraco, parte en un ring, parte es el asalto al edificio de una corporación...

El libro es un delirio alucinante e indescriptible. Recuerda a menudo sintaxis propias de los sueños, cuando uno ve un pez que es transparente porque es una puerta que es un recuerdo escrito en un diario comprado a escondidas y por eso aguarda bajo la mesa del salón a que pase de largo el vigilante. Es un delirio y no lo es; hay una mente fría allí al fondo, cuya medida de tolerancia a la prodigalidad del delirio no alcanzamos a intuir. Apenas hincamos el diente en la palabra, queda en la boca un jugo dulce; el sentido 'común', sin embargo, se confunde y se dispersa.

Pedro Casariego (1955-1993) escribió este libro, según parece, a los ventidós años. Hasta ahora era inédito.

Comienzo ya el segundo, que sí se publicó (El hidroavión de K., K. de Kierkegaard, no de Kafka), pensando que, indudablemente, me aguarda una gran aventura.

Leo el primer 'poema':

'A todo aquél
que leído sea
por esta dedicatoria'
 


Poemas encadenados 1977-1987, Pedro Casariego Córdoba, Seix Barral, Barcelona, 2003. Antología de poemas; prólogo de Ángel González; introducción de Esther Ramón; epílogo de Pedro Casariego H.-Vaquero; edición de textos de Pe Cas Cor S.I., 540 pp.


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