Rompan todo
Mauricio Mex Faliero

Son muchas las cosas que Barry Egan (Adam Sandler) no puede, o no quiere explicar. ¿Por qué usa constantemente un traje azul? ¿Por qué compró un montón de envases de budín? ¿Qué hace ese pianito en su oficina? A todo Barry responde: "No sé". El personaje central de Punch drunk love (Embriagado de amor) es un hombre dubitativo, nervioso, solitario, vergonzoso, explosivo.

Dueño de un depósito de cosas que se caen, rompen o parecen inservibles, Barry se mete en módicos retos que sólo le traen problemas, como llamar a una línea erótica para luego ser extorsionado. Claro que en vez de enfrentarlos tiene una manera de eludirlos: el modo es romper todo. En realidad Barry busca módicos retos porque elude una necesidad: enamorarse. Por eso cuando una de sus 7 hermanas le presente a Lena Leonard (Emily Watson), mujer decidida y antítesis suya, el reservado mundo de ese hombre del traje azul comenzará a desmoronarse. Sin embargo el amor no será óbice para que Egan siga exteriorizando su violencia interior. "Tu rostro es tan bello que me dan ganas de romperlo a martillazos", le dirá Barry a Lena en un momento que resulta, aunque parezca mentira, de profundo romanticismo para la lógica interna de esta extraña y compleja comedia romántica.



Punch drunk love es una mezcla de universos, por un lado está el mundo de Adam Sandler y por el otro el de Paul Thomas Anderson. Sandler es un reconocido comediante, surgido del programa televisivo Saturday Night Live, que viene dejando en diferentes películas como la genial Mr. Deeds o Anger management algunas marcas distintivas. Una de ellas es su carácter violento, sus personajes son hombres/niños que estallan con una furia inusitada. Esa furia es absorbida aquí por Anderson, director genial y discutido, que ha realizado películas tan valiosas como Boggie nights o Magnolia, quien estiliza la violencia de los papeles de Sandler para arrugar la superficie del film y generar una profunda tensión. Tensión que transmite el rostro de Barry Egan cuando conoce a Lena Leonard y suena el teléfono. Tensión que contagia la música de Jon Brion, plagada de sonidos que confunden. Tensión que impregna la cámara de Anderson en sus planos-secuencia veloces y zigzagueantes.
Por suerte Anderson evita las explicaciones psicologistas sobre las actitudes del personaje de Sandler, y por lo tanto ni justifica ni moraliza. En ese sentido el film del director de Magnolia está a años luz de otras películas que enfrentan a un carácter psicológicamente problemático con el amor, tal es el caso de la ingenua Amelie. Pero si Barry es un enigma oscuro e incomprensible, Lena es la luz justa y necesaria. Juntos se complementarán para formar un todo luminoso, aunque sombreado. Como la bella imagen en la que Barry y Lena se besan, a contraluz, y que sirve para ilustrar el afiche del film.
Bella y extravagante, Punch drunk love está marcada por un extremo romanticismo, que elude toda explicación sobre lo que acontece. Como Barry no sabe explicar lo que hace o sucede, tampoco el film deja en claro por qué ocurre lo que ocurre: por qué detrás de un llamado a una línea erótica se esconde una mafia de mormones, por qué un camión deja un pianito en el cordón de la vereda.
Si pudiera definirse al film como un cuerpo, podría decirse que se trata de uno adolescente en estado de enamoramiento, que no entiende qué demonios le pasa y que se encuentra con la adrenalina a punto de estallar. Como Barry Egan dentro de su traje azul. Tanto Sandler, que en sus películas le ha pegado a todo el mundo, como Anderson, quien se ha dado el lujo de hacer llover ranas en Magnolia, logran una historia en la que se rompen autos, ventanas y baños; y en la que se quiebran varios moldes genéricos.
Punch drunk love es un auténtico rompan todo. Una película fuera de serie, con el amor quemando en la piel.


Punch drunk love (Embriagado de amor), EE.UU 2002. Director: Paul Thomas Anderson. Protagonistas: Adam Sandler (Barry Egan), Emily Watson (Lena Leonard), Philip Seymour Hoffman (Dean Trumbell), Luis Guzmán (Lance). Guionista: Paul Thomas Anderson. Fotografía: Robert Elswit. Música: Jon Brion. Montaje: Leslie Jones. Dirección de arte: Sue Chan.


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