Siempre es hoy
Mauricio Mex Faliero

"Cree uno morir para castigar a una esposa y lo único que hace es devolverle la libertad", dice Juan Bautista Clemence, personaje principal de La chute (La caída), la magnífica novela moral de Albert Camus. Algo parecido le pasa al novio de Morvern Callar, quien se suicida y, su muerte, se transforma en el comienzo de una nueva forma de libertad para Morvern. Una libertad aferrada al presente, un viaje estático y sin destino.

Lo primero que vemos del film es el rostro de Morvern Callar (una Samantha Morton al límite de la inexpresión) intermitentemente visible bajo una luz roja que se apaga y se enciende. Luego advertimos que ese titilar proviene del árbol de navidad que está a un lado. También nos enteramos de que Morvern está acostada en el piso, junto a su novio muerto. Este es el inquietante comienzo de Morvern Callar (El viaje de Morvern) la película de Lynne Ramsay (Ratcatcher).

Ese principio incierto se agudizará con una serie de actitudes a simple vista incomprensibles. El novio de Morvern dejó escritas las instrucciones para que una novela que él escribió sea enviada a una editorial. Morvern no sólo borra el nombre del autor y pone el suyo, sino que además corta en pedacitos el cadáver del muchacho, lo entierra, llama a su amiga Lanna (la rubia Kathleen McDermott) y se van de viaje a España.


¿Acaso no hay remordimiento en Morvern Callar? ¿O será que quiere borrar el pasado para proyectar el futuro? Con Morvern Callar, la directora Ramsay inaugura una nueva forma de recordar. Ramsay no cree en lágrimas. El personaje de Samantha Morton le dice a Lanna que su novio la abandonó, que se fue, mientras tanto escucha en su walkman, que permanece clavado en su sien durante todo el film, las canciones que él le dejó como regalo junto al árbol de navidad. Está claro, Morvern quiere atesorar ese presente previo a la tragedia para que no se le vuelva a escapar. Niega una verdad, no por mentirosa, sino para solventar su sueño de presente inmaculado. "Siempre es hoy", parece decir.

Tal vez en ese viaje que Morvern emprende junto a su amiga toda parezca sin sentido. Es un recorrido plagado de excesos. En ese transitar, la directora despliega sus preceptos estéticos, divididos en dos personajes diferentes: Morvern representa lo dark, lo sórdido que el film quiere ser en sus raves (por cierto, estupenda la secuencia en la disco, realmente se vive el clima de una fiesta electrónica). Lanna es lo pop, la luz que disfraza la cruda realidad, resaltada en las canciones que seleccionó el difunto novio.
Dos estéticas tan diferentes se unen sin anularse. Se contienen mutuamente, como Morvern y Lanna. El trabajo de Lynne Ramsay en ese sentido es muy valioso, logra una película cruda, de textura ríspida, que podría haber variado hacia el dislate total si los conceptos no hubieran estado bien manejados, para terminar redondeando un intenso drama moderno sustentado por sus códigos. Es un raro caso donde el concepto no se traga al objeto: la película.

Por su parte Samantha Morton demuestra una vez más su capacidad inigualable para crear personajes que hablan con el rostro, recordar nomás la mudita de "Sweet and lowdown" de Woody Allen. Además Kathleen McDermot cumple a la perfección su rol de amiga superficial, que descomprime la monótona vida de Morvern.

En definitiva, Morvern Callar es una película que descoloca por las incomprensibles vueltas de su personaje central. Sin embargo, en el último plano, con la misma luz roja del comienzo, pero ahora sin titilar, terminamos por comprender que ese hoy eterno que quiere vivir Morvern sólo es posible dentro de su cabeza. No es un filme que niegue la realidad, ni siquiera es melancólico. Sólo presenta a una mujer que recuerda un momento feliz, y así contrarresta lo amargo. Salvo que debe vivir apresada en el mundo que creó para estar bien. Una mujer libre y apesadumbrada. ¿Extraño no?



Morvern Callar (El viaje de Morvern) Reino Unido, 2002. Directora: Lynne Ramsay. Intérpretes: Samantha Morton (Morvern Callar), Kathleen McDermott (Lanna), Jim Wilson (Tom Boddington). Guión: Liana Dognini, Lynne Ramsay, Alan Warner. Fotografía: Alwin H. Kuchler. Montaje: Lucía Zucchetti. Dirección de arte: Philip Barber. Vestuario: Sarah Blekinsop.


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