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En una calle cualquiera
quedó tendido Miguel.
Flor roja de la vereda,
nadie se apiada con él.
Me
dejó todos los juegos,
barcos de tinta y papel,
y entre las manos un ruego:
no se lleven a Miguel.
No
me importa que nadie me diga
si tu apuesta fue cara o fue cruz;
yo te salvo de la despedida
en la noche que se hace trasluz.
No
me importa la causa perdida
ni la historia que pide perdón;
por tu nombre la vida es mi vida
y mis leyes las del corazón.
En
una calle cualquiera
quedó la voz de Miguel.
Flor muda de la vereda,
yo me quedé junto a él.
Vuela
un puñado de cartas
desde la celda al jardín.
Alguien me cuenta esperanzas
para que pueda dormir.
No
me importan tus pocas palabras,
ni la piedra, las culpas o el mal.
Va Miguel por las calles vacías
y yo en otras me siento a esperar.
Y
entre el tiempo de no haber tenido
y el de haber comprendido después,
yo soñe que su amor fue el abrigo
con el que me miró alguna vez.
Letra
y música:
Patricia L. Boero
voz: Patricia
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