La conjura de los taxistas
Saico Quiler
 

Hace tiempo, mis convives y yo armamos un plan de gobierno basado en una Junta Patriótica de Taxistas. El razonamiento era sencillo: cada vez que te montas en un taxi y le buscas conversa al chofer, el susodicho te calienta la oreja durante toda la carrera con sus opiniones acerca de cómo se arregla la situación del país. En una carrera desde la Esquina de Sociedad hasta mi antigua casa en El Pedregal, tuve la oportunidad de probar qué tan descabellada era nuestra idea. El "politólogo ruletero" de esa oportunidad, un apureño con treinta años en Caracas puntualizó su argumento con una sentencia ominosa: "Aquí lo que hay que hacer es venderle esta vaina (se refería a Venezuela, completica) a los japoneses. Esos carajos sí saben administrar su vaina" (esto fue hace unos años, y el okonomiyaki [1] no se había volteado aún). Después de unas cuadras de reflexión, propuse "¿Por qué mejor no fundamos un gobierno de taxistas? Digo, porque cada vez que me monto en un taxi, el chofer siempre comparte su filosofía conmigo, y le digo la verdad, la mayor parte de las cosas que oigo tienen sentido, ¿sabe? Imagino que como ustedes están todos los días en contacto con la gente, pues naturalmente que saben cuál es el pulso popular mucho mejor que cualquier cagatintas de Datanálisis. Sería genial que esa experiencia se tradujera en acción, ¿no le parece?"

Creía obvio que se daría cuenta de que le estaba tomando el pelo para dirigir la conversación a otros temas más ligeros, pero el hombre mordió el anzuelo con línea, plomo y carnada. Se entusiasmó tanto con la idea que al instante empezó a formular su plan de gobierno y a murmurar entre dientes acerca de las acciones a corto y mediano plazo.

Al llegar a mi casa, al hombre le brillaban los ojos de la emoción. Insistió en que no le pagara la carrera. Me dio las gracias por la "inspiración" y se arrancó echando humo quien sabe para donde.

Una semana después, empecé a notar los primeros cambios: En la calle, cuando los taxistas me veían, se disputaban para hacerme la carrera, a tal punto que cuando me asomaba a la acera, dejaban de recoger cualquier otro cliente -aunque hubiera llegado antes que yo- para llevarme a mí. Cada carrera era una larga y tortuosa exposición del progreso de los planes de Gobierno Taxista para que yo les diera mi aprobación. Su entusiasmo era tal que yo no tenía cara para revelarles que se trataba de una mamadera de gallo. Además el plan tenía sentido práctico y estaba bastante bien elaborado, y me daba aprehensión con ellos. Entonces empecé a sugerir ideas. Al principio me bandeaba bastante bien como consultor político, pero en pocos meses, la cosa llegó a masa crítica. Las propuestas eran cada vez más complejas y profundas para mis escasos conocimientos. Empecé a sacar libros sobre Administración Pública de la Biblioteca, recluté a algunos de mis panas más doctos y nos metimos todos a aconsejar a los taxistas casi a tiempo completo.

El plan progresaba y nosotros teníamos un año y medio viajando gratis por toda Caracas.

La cosa se empezó a poner mala cuando nos enteramos de que el ascenso de la Junta al poder no iba a ser por la vía del sufragio. "La avanzada la dirigirán nuestros hermanos de TeleTaxi, debido a la capacidad de coordinar la acción armada con sus radiotransmisores. No descansaremos hasta lograr nuestros objetivos". La DISIP empezó a rondar nuestras casas. Traté por todos los medios de disuadir al Movimiento Choferil José Gregorio Hernández del uso de la violencia. No quisieron escucharme. Muchos de ellos empezaron a desconfiar de nuestro grupo y a exigir nuestra exclusión ya que "no éramos de la gran familia de los taxistas". Decidí exiliarme, junto con algunos de mis panas de a pie. Otros en el grupo decidieron quedarse y jugarse el todo por el todo con los ruleteros. Recientemente me enteré de que uno de ellos está haciendo carreras en el Hotel Tamanaco y ha sido nombrado Subcomandante.

La idea original había sido mía, pero tengo entendido que mi nombre ya no se pronuncia dentro del Movimiento. El apelativo más gentil que se usa para referirse a mí es "Traidor". Esto lo sé por uno de los panas más moderados que decidió quedarse, pero que aún me es fiel y me escribe con regularidad.

Sólo espero que el Movimiento recapacite y que en el futuro el mundo no vea (a través de CNN) las sórdidas imágenes de miles de Ford Fairlanes 500, Conquistadores del año 82, Fairmonts, Ladas, etc. oxidados, con manillas de puertas hechas de cables de electricidad. Verdaderos zombis metálicos de cuatro ruedas (con cauchos lisos) arremetiendo como arietes re-re-re-re-re-anillados contra las puertas del Palacio de Miraflores.

(1) Okonomiyaki: sabrosa y popular tortilla japonesa hecha con batata, huevos, harina, vegetales y cochino. Tengo entendido que el nombre significa algo así como "con todo".


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