Para caer en la trampa de Sirena 
Yael Rosenfeld


Desde la contratapa, una sola frase alcanza para encender la chispa: ""Huele a miel tu voz, tu boca es una fruta", le había susurrado un día un admirador que intentó besarla.". Y la elección no resulta para nada casual, porque la voz y la boca, y a través de ellas la música serán el escenario en el que se mueven las figuras de Sirena Selena vestida de pena, la primera novela de Mayra Santos-Febres, una escritora joven y puertorriqueña ganadora de varios premios por sus poemas y cuentos, entre ellos el Juan Rulfo que otorga Radio Internationale Paris.

Es que la Sirena del título tiene un don especial: una voz privilegiada, dulce, cristalina y fresca "como el mismísimo mal de amores sobre la faz de la tierra", capaz de seducir hasta al más insensible de los seres humanos. Que Sirena sea, además, un adolescente travesti y gay, parece apenas un detalle en la pintura de una porción de la sociedad antillana en la que las ambigüedades sexuales se manifiestan en distintos niveles: en el que se disfraza de lo que no es para que su alma se muestre por completo, y también el que debe esconder la suya detrás de una máscara, ya que no puede mostrarse tal cual es. En la atmósfera de la novela, el travestismo y la prostitución parecieran ser una de las salidas laborales más eficaces para los jóvenes de la clases bajas. El acierto de la autora es abordar un tema duro, extraño y delicado, y hacer evidentes sus contradicciones desde el humor y evitando las moralejas.

Mayra Santos-Febres entrelaza dos historias que por momentos parecen ser la misma. Por un lado Sirena, cantante con gran potencial, que es llevada a por su descubridora a trabajar en los hoteles de República Dominicana. Martha Divine -una draga experimentada que cumple el papel de tutora, maestra y mánager- saca a Sirena de un bar de Puerto Rico y le enseña todo lo que sabe sobre el arte de ser mujer. Y Sirena demostrará cómo un buen alumno supera a su maestro.

Por otro lado, la historia de Leocadio, un niño dominicano que posee un encanto y sensibilidad que atrae a los hombres. De alguna manera, ambas historia pueden leerse como distintos planos temporales de la misma: el travesti que llega a la cima y aquel que recién empieza a entrar en ese mundo de ambigüedades que no siempre son tan lineales. Y en este sentido, también la historia de Martha es otro escalón de la misma evolución: el de la decadencia.

La música, entonces, nos aborda desde la tapa y el título, desde la misma forma de ser de la sociedad que describe, pero también desde la escritura, que encarna y representa esa musicalidad subyacente, a través del uso del lenguaje, el ritmo, los cambios de narrador y hasta la disposición del texto en algunos pasajes. Sirena y su música, de todas las formas posibles, enamoran ya desde la primera página: "Eres quien eres, Sirena Selena... y sales de tu luna de papel a cantar canciones viejas de Lucy Favery, de Sylvia Rexach, de la Lupe sibarita, vestida y adorada por los seguidores de tu rastro..."


Sirena Selena vestida de pena. Mayra Santos-Febres. Ed. Mondadori, Barcelona, 2000.


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