¿Tienes una planilla 27B/6?
Iria Puyosa

 

"¿Puede alguien hacer una película en donde el desenlace feliz es un hombre enloquecido?" Esa era la pregunta que el ex Monthy Python, Terry Gilliam tenía en mente cuando trabajaba en la idea de Brazil.

Brazil es una polifonía. Cada secuencia sigue su propio tema fílmico, el conjunto alcanza la armonía. Es también un homenaje al cine. Los burócratas mirando westerns o Casablanca en los monitores de sus "computadores", dan la pista para los menos perceptivos.

Para los cinéfilos, las referencias abundan: Intolerancia, El Acorazado Potemkin, Tiempos Modernos, Alphaville, La naranja mecánica. Asimismo, están presentes las citas de los géneros: acción, aventuras fantásticas, ciencia-ficción, romance. Y, por supuesto, Monthy Python, especialmente El sentido de la vida (Meaning of Life). El sarcasmo. La risa que preña de ideas subversivas. Sabotaje ideológico al sistema. No es una película fantástica; es demasiado real. Refleja nuestra incapacidad para cambiar el establishment. Y, a la vez, nos obliga a pensar que el sistema existe porque nosotros lo hacemos funcionar: El samurai, sin la máscara, tiene el mismo rostro que Sam.

Lo primero que nos gusta de Brazil, es la estética de los decorados. El trabajo de arte logra mostrarnos un futuro verosímil, usando objetos que parecen anticuados para los años '80. Es la imagen del futuro, visto desde un siglo atrás. Una visión que recuerda a Metrópolis.

"Nosotros no cometemos errores", dicen los empleados que van a reparar el agujero en el techo de los Buttle, el agujero en el piso de Jill Layton. . El espectador sabe que sí se cometen errores. Un par de centímetros de diámetro. Una letra: Tuttle, Buttle. Pequeños errores.

Lidiar con estos pequeños errores es la especialidad de Sam Lowry. Mr. Kurtzman lo llama a gritos. Sam está entre las nubes. ¿Soñando o tratando de fugarse?
Al principio puede ser difícil entender a Sam. Todos tienes esperanzas, deseos, sueños. "Yo no tengo. Ni siquiera sueños."

Se supone que los ciudadanos están recibiendo "valor" por su dinero. Hay algunos necios que no quieren "valor", que no quieren un ascenso. Del combate contra los molinos de viento al castillo de los Duques, del combate contra el samurai a Information Retrieval. ¿Es Sam Lowry, el primer Quijote de Terry Gilliam?

La metáfora de la burocracia en contra del ciudadano se vuelve algo más que un lugar común. Es la angustia de la calefacción que no funciona, de los mensajes grabados que sirven como dique para contener a quienes reclaman servicio, de las planillas que no tienen sello y el correo administrativo que se acumula en la bandeja de entrada. "No te puedes mover sin una planilla", dice Harry Tuttle.

Con una planilla te pueden desaparecer. "¿Qué han hecho con su cuerpo?", con voz aturdida, pregunta la señora Buttle. Hay terroristas. En alguna parte.

Sam Lowry acepta un cargo en Information Retrieval (Recuperación de Información). Acepta ir allí para poder buscar a "la mujer de sus sueños". La expresión es ridícula. Jill Layton se reirá cuando Sam la use frente a ella.

La toma de la recepción, desde un ángulo que refiere a la impersonalidad del poder; el contrapicado que enfatiza, como si hubiera alguna necesidad de hacerlo, la insignificancia del ciudadano frente al sistema; y la sombra de Sam Lowry, sobrepasándolo. Todos elementos de composición que subrayan que el samurai va ganando. El portero guarda el poder. El ministro de Información es un paralítico.

Nunca vemos a los terroristas. No vemos al Estado. Sólo el estallido de algunas bombas. Los imponentes edificios del Ministerio de Información. Y ductos de aire por todas partes: aire acondicionado, aspiradoras, distribuidores de correos. ¿Qué significan estos gusanos tan presentes en la vida cotidiana? Tuttle, un disidente solitario, desaparece sepultado por las hojas de los periódicos. Ya no se puede ver más a quienes disienten.

Tampoco se puede ver a los esbirros. Máscaras y cascos cubren sus rostros. Por su parte, los ciudadanos comunes falsifican los suyos, a través de la cirugía plástica. E intercambian nombres, Allison o Barbara, lo que el poder quiera.

El poder controla la información. El poder lo controla todo.

Sin embargo, pareciera que el amor puede ganar. Sam se aferra a la chica de sus sueños. Podría ser un final feliz.

Sam escapa.

nosotros que vivíamos estamos ahora muriendo
con un poco de paciencia.

La Tierra Baldía. T.S. Eliot

 


Brazil. Dirección: Terry Gilliam. Guión: Terry Gilliam, Tom Stoppard, Charles McKeown. Montaje: Julian Doyle. Fotografía: Roger Pratt. Dir. Arte: John Beard, Keith Pain. Música: Michael Kamen. Intérpretes: Jonathan Pryce (Sam Lowry), Kim Greist (Jill Layton), Robert De Niro (Archibald "Harry" Tuttle), Katherine Helmond (Ida Lowry). Reino Unido, 1984.
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