El otro lado
Patricia L. Boero

(...) el rizoma se remite a un mapa que debe producirse,
construirse, siempre desmontable, conectable, invertible,
modificable, con entradas y salidas múltiples, con sus
líneas de fuga.
 
Gilles Deleuze
Rizoma

Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias,
deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como
explican todos los libros de historia de la economía, pero esos
trueques no lo son sólo de mercancías, son también trueques
de palabras, de deseos, de recuerdos

Italo Calvino
Las ciudades invisibles


Fue un puerto que no existió en una ciudad que debió ser fundada dos veces. Gran parte de su historia es un conjunto cristalizado de versiones, una cuadrícula de difusos imaginarios reñidos con el nomadismo indisciplinado del subsuelo. Sus habitantes materializan emblemas con el mismo vértigo con que los derrumban. En otros tiempos fueron omnívoros, negreros, esclavistas. En éstos, siguen (seguimos) siendo desmemoriados. Nos vendieron correctas historias oficiales y compramos.

De la mirada urbana de superficie a la mirada de los reversos, hay una frontera de pasaje que desanda olvidos y mitos acerca de las prácticas cotidianas de las clases populares en Argentina. Si toda ciudad se resiste a ser sistema y prolifera fuera de la estructura modelo, el 'otro lado' del espacio urbano no expuesto a la inmediatez de la mirada nos muestra un mapa-espejo de la ciudad-organismo: sus imprevisibilidades,
sus tensiones, sus multiplicidades.

La ciudad se llama Buenos Aires y nos concede, bajo la mirada de la Arqueología Urbana, una narratología de restos, señales, desechos y frágiles objetos de intercambio y de uso cuyo azaroso montaje deconstruye Daniel Schávelzon, arquitecto, fundador del Centro de Arqueologia Urbana de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires. También nos habla en esta entrevista de su último libro Buenos Aires Arqueología en el que ha compilado el trabajo realizado en la casa donde Ernesto Sábato ambientó Sobre héroes y tumbas.


A la caza de los intersticios


Cada disciplina recorta y construye una mirada particular para su objeto. En el caso del trabajo arqueológico en el espacio urbano, donde las relaciones y articulaciones entre los distintos elementos que lo constituyen parecen desbordarse ¿cuál sería el modo apropiado de acercamiento?

Lo apropiado es el trabajo interdisciplinario: arqueólogos, historiadores, arquitectos, ingenieros. La complejidad del paisaje urbano se comprende cuando se lo compara con otros sitios arqueológicos tradicionales. Fuera del ámbito urbano existe una mayor estabilidad: excavar en medio del campo o en una cueva de la Patagonia es comenzar hoy y volver el año próximo sin que el sitio haya sufrido modificaciones sustanciales. En la ciudad, en cambio, a veces uno llega entre las topadoras. La velocidad con que cambia el espacio urbano hace que haya que estar todo el tiempo aprovechando la coyuntura de las obras, de las demoliciones, de las intervenciones en edificios. Uno tiene que estar viendo cómo acomodarse en los intersticios. Argentina no tiene una ley de Arqueología Urbana. Por eso hay que esperar que una propiedad privada sea demolida para construir otra y en el ínterin entre la demolición y la construcción, allí, en el medio, arreglar con el constructor, con el propietario, acordar tiempos muy cortos, a veces días; trabajar mientras atrás la topadora viene arrasando con todo.

El tema de la mirada es crucial. En arqueología urbana se trabaja mucho con arquitectos e ingenieros porque tienen los recursos para saber cómo se estructura lo que nosotros consideramos habitualmente como 'ciudad'. Hace falta gente entrenada. Si pusiéramos a un arqueólogo -acostumbrado a trabajar con puntas de flecha en sitios con depositaciones secuenciales- en medio de las entrañas de la ciudad donde hay caños, instalaciones eléctricas, obras sanitarias y vestigios de demoliciones sin ningún orden, no sólo no sabría qué hacer; ni siquiera sabría qué es lo que está viendo.


La ciudad disipativa


Para cualquier habitante de Buenos Aires, el que la ciudad sea un organismo vivo es casi una certeza cotidiana, aunque los cambios se registren en la memoria como simples variaciones en el montaje de la 'escena' con la que se tiene una relación inmediata. Un ciudadano ¿tiene idea de las dimensiones de ese cambio en los niveles que están más allá de lo que pueda registrar como próximo?

Precisamente, la ciudad es un organismo vivo, un fenómeno cambiante y se transforma a velocidades de las que uno no tiene conciencia. Si uno toma un plano para demarcar zonas de potencial arqueológico, y va señalando lote por lote las demoliciones, vería que hay miles. La ciudad se transforma más de 1 millón de m2 por año; 100.000 mensuales, 3.000 m2 cuadrados por día. Es imposible seguirle el ritmo no sólo para trabajar sino para visitar las obras nuevas. En definitiva no sabemos cómo ni cuánto se modifica la ciudad aunque tengamos estadísticas aproximadas.

La ciudad es un fenómeno tan dinámico que obliga también a una arqueología extremadamente dinámica que luego es criticada por otros arqueólogos muy ortodoxos que nos señalan que no se toman los recaudos necesarios. Según esta perspectiva se necesitarían 8 meses para realizar una excavación 'en regla'. Imposible. Si esperáramos sólo constataríamos que la inversión inmobiliaria en Argentina sigue siendo más poderosa que la cultura.


De tenedores, postales y literatura


Publicaste 'Historias del comer y del beber'. Revalorizaste la importancia de los materiales iconográficos como fuente documental para 'reconstruir' lo que la historia oficial había subvertido. Hace poco, publicaste un libro sobre el proyecto de intervención en la casa donde Sabato ambientó Sobre Héroes y Tumbas. Creo que se podría decir que hay una 'narratividad' presente en el modo en que la Arqueología Urbana nos vuelve a contar historias que fueron olvidadas, ocultadas o distorsionadas.

Es cierto, más allá de que el trabajo sobre la casa del mirador de Sobre Héroes y Tumbas tenga un referente literario tan preciso, en 'Historias del comer y del beber' hay también una confrontación entre la arqueología y los textos de cronistas y viajeros respecto de los usos y costumbres del comer y del beber en el Buenos Aires de fines del siglo XVIII y XIX: cómo fue vista la comida por los que pasaban y qué es lo que nosotros encontramos a partir de las excavaciones. Son dos perspectivas muy diferentes. Por ejemplo, nuestros antepasados no tuvieron, como se cree, una dieta eminentemente carnívora. Éste fue un rasgo sobredimensionado por los viajeros al comparar su magro consumo de carne con el nuestro. Las costumbres alimentarias también tienen su cronología y su ideología aunque el comer se considere un hecho atemporal e inocente. Lo curioso es cómo nosotros, en la historia, asumimos el relato de los viajeros ingleses y no nuestra realidad. Construimos una historia a partir de cómo nos vieron desde afuera. Una que se contradice con lo que me dice la arqueología. Y yo, por supuesto, le creo a la arqueología.

¿Hay algún modo de cambiar estas 'historias oficiales' tan contrapuestas a los resultados de tu trabajo?

Yo creo que mi trabajo es ponerlo en evidencia. Cambiar una concepción que no tiene interés por conservar su historia es difícil. Los resultados están a la vista: la casa del mirador de Sobre Héroes y Tumbas tiene, o tenía, porque ya fue demolida, además del interés literario, una importancia fundamental como edificio histórico. Si me dijeras que fue demolida en 1930, podría forzarse alguna justificación. Pero era una casa que llegó hasta la actualidad, cuando se supone que algo se ha adelantado en materia de conservacionismo. Eso es algo incomprensible en países donde se tuercen avenidas para no afectar el patrimonio.


"Finalmente, echó nafta y prendió fuego"


Tu interés por la casa del Mirador ¿cómo se relaciona con tu interés por la literatura?

En primer lugar porque soy un lector. Sabato no es cualquiera ni la novela lo es; tiene un enorme peso en la literatura del siglo XX. Cuando me enteré de que se estaba por demoler tuve una crisis. Hasta se había armado un grupo de vecinos que querían hacer algo: por lo menos, si no se puede parar la demolición, guardemos algo de nuestra memoria. Estudiemos por qué se destruye. Y evaluemos lo que quedó. Si me dijeras que la demolieron para hacer una obra extraordinaria que es un aporte al patrimonio del futuro, que también tiene que ser construido, podría aceptar que fue un precio caro por algo que valdría la pena. Pero si lo hacen para construir dos torres con un estacionamiento atrás es otra cosa. Ahí uno piensa que nos salió muy caro. Y lo pagamos todos. No sólo el dueño del terreno.

Sería interesante conocer la cronología de este proyecto...

Fue posible gracias a la iniciativa de una vecina, la señora Sanguinetti y a una serie de protagonistas locales, que lograron que el CONICET se interesara en el proyecto. Lamentablemente la empresa constructora que se encargó de la demolición no cumplió con sus compromisos de preservar y exhibir lo que se encontró y lo que ya estaba emplazado en el llamado Portal del Virrey, ubicado en Hipólito Yrigoyen entre Lucero y Virrey Liniers, en el barrio de Almagro. En la memoria colectiva, ese terreno fue considerado erróneamente como la quinta que fuera propiedad del Virrey Liniers, a fines del siglo XVIII. La importancia histórica del edificio se debe a que allí funcionó en 1873 el Asilo de Mujeres y Señoritas y en 1875 el primer Hospital de Niños de la ciudad. Más tarde, al ser desafectado como hospital, se instaló allí el Establecimiento hidroterápico de Buenos Aires, primero en su género en el país. El edificio llegó al siglo XX luego de un proceso de abandono, deterioro e inquilinatos. En la década del 60, Sabato pone nuevamente en circulación el interés por esta casa tomándola como escenario de Sobre héroes y tumbas; a pesar de desconocer sus antecedentes históricos, el autor conocía muy bien esta propiedad. Aunque lo cierto es que en la novela la ubica en Barracas y no en Almagro, muchas declaraciones posteriores suyas confirman que se trató de este edificio. Precisamente en el prólogo del libro que se acaba de publicar, Sabato declara: "soy de ese tipo de escritores que camina intensamente los lugares, eligen las casas, las plazas, las esquinas donde se encontrarán los personajes".

¿Qué llevó a Sabato a desplazar su ubicación?

La necesidad de producir una contradicción entre la clase social, la arquitectura palaciega y la pobreza del barrio; contradicción expresada en uno de los parlamentos de la novela: "¿No ves donde vivimos" Decime, ¿sabés de alguien que tenga apellido en este país y que viva en Barracas entre conventillos y fábricas?". No obstante, en El escritor y sus fantasmas, indica que "el mirador lo tomé de una antigua mansión en ruinas, que está en Hipólito y Yrigoyen y Boedo". Y en Abbadón el Exterminador señaló su ubicación con mayor exactitud: "La casa de la novela: la casa de Liniers e Hipólito Yrigoyen". Por supuesto que este recurso trajo muchas confusiones para ubicar el emplazamiento exacto. Lo interesante es que Sabato en su novela describe minuciosamente parte de la construcción principal, el jardín, un par de habitaciones, las escaleras y el omnipresente mirador y que esto forma parte de una cronología del estado de conservación del edificio que coincide en buena medida con lo que encontramos y con el material iconográfico.


La resignificación de los espacios


Diseñar itinerarios donde se conjuguen las perspectivas históricas y las literarias podría ser otro modo de construir la memoria colectiva: uno que incorpore los relatos y la conservación de los espacios físicos que fueron escenario -o protagonistas, como en La casa de Manuel Mujica Láinez- de esas obras.

Ese es precisamente uno de los interrogantes que he dejado abierto en el libro. Hubo momentos en que fueron valorados los grandes monumentos heroicos, los símbolos del poder o de una elite. Más tarde el interés se centró en lugares socialmente significativos como el hospital, el centro histórico, los edificios educativos, las plazas. Pero nadie se ha acordado de la literatura a la hora de relevar y preservar espacios urbanos.


Un gran escenario de contradicciones


¿Cuál es nuestra tradición en conservación del patrimonio?

Aquí hay una tradición por conservar cierto tipo de arquitecturas con cierto tipo de representatividad. Pero en definitiva, lo que se conserva es poco. La enorme masa de la ciudad histórica ya ha sido destruida. Después, nos vamos a París para ver los mismos edificios que teníamos aquí y que hemos hecho desaparecer.

La elección sobre lo que queda y lo que no ¿con qué criterios se hace?

Con ninguno. Quedaron iglesias porque era difícil demoler iglesias que están dentro de la jurisdicción de la Curia, aunque se tiraron abajo conventos. Seguramente que si salieran a la venta, también se demolerían edificios públicos. Como sabés, al Cabildo hubo que construirlo de nuevo en 1941, porque ya lo habían destruido. La Casa Histórica de Tucumán hubo que rehacerla en 1940 porque ya tampoco existía. Cualquiera de los símbolos de la libertad (y el liberalismo) argentino, hasta la Pirámide de Mayo, tuvieron que ser hechos de nuevo. Las pocas que se han salvado fueron 'adaptadas'.

¿Hay alguna relación entre preservación e 'ideología oficial', hoy?

Yo creo que no. En la década del '20 y el '30 es cierto que había una equiparación entre conservación del patrimonio y conservadurismo político porque lo que se quería conservar no era una serie de edificios sino un modelo de sociedad patriarcal, estanciera, vertical, cuya escisión de clases era monstruosa. Conservar además todo lo que representara ese modelo de sociedad: los grandes palacios, las grandes residencias, las grandes mansiones y no la 'casa chorizo' de la esquina. Si hoy alguien pretende equiparar conservación con conservadurismo, es que no ha leído lo que ha pasado en el mundo en los últimos 70 años. Hoy nadie puede decir que el pensamiento preservacionista esté asociado al conservadurismo. Sin embargo, es un argumento -malo, que se utiliza como forma de ataque a esta disciplina. Conservar no es pretender una ciudad inamovible, congelada. Nadie diría que París o New York lo son.

Pareciera que viviéramos dentro de una escenografía montada adrede.

Es una escenografía que se parece mucho a la historia de nuestras contradicciones. Eso de que 'somos europeos, pero no somos europeos'. Contradicciones que son obvias en el tratamiento de los objetos cotidianos en la actualidad. Todo se descarta, todo va a la basura. Y las obras de arte... al exterior.


Leer en la basura


Mientras estaba realizando un trabajo de cateo científico en los Altos de Elorriaga, un equipo bajo tu dirección se encontraba trabajando en la recuperación de la propiedad vecina, la Casa Ezcurra, en San Telmo. Tuve oportunidad de conocer las intervenciones que realizaron sobre el pozo de basura de esa propiedad. ¿Cuál es el valor de la basura para un arqueólogo urbano?

Desde una perspectiva la basura es algo sin valor. Pero también puede ser entendida como el descarte de una sociedad que toma decisiones sobre qué conserva y qué desecha. Eso que desechó hace años puede ser retomado por alguien que, desde un punto de vista científico, estudie el funcionamiento de esa sociedad y sus prácticas. Entonces, la basura se convierte en otra cosa: restos de la cultura material que son rescatados para investigar. Lo más interesante es que en esos restos materiales del pasado está presente el descarte de las clases no pudientes que no se ha conservado en los museos. Los grandes objetos que pertenecieron a las grandes familias tienen un valor de 'arte' en los museos, pero si uno quiere conocer la historia de las clases populares, se encuentra con grandes dificultades, porque sus vestigios han quedado hundidos en la basura.

La ideología legitima también el destino de los objetos cotidianos...

Y en cierta medida esto te habla de esos sectores silenciados de la historia, de aquellos que no tienen representatividad. Buscamos esos restos, los analizamos. Y una vez estudiados, restaurados, resignificados, son contenidos por el museo y tienen otro valor para la sociedad. Nos muestran aspectos de una vida cotidiana que teníamos olvidada.

Ni siquiera registrada como suceso...

Ni siquiera. Este tipo de objetos son importantes porque nos explican cómo hemos sido, cómo funcionó nuestra sociedad en determinado período histórico. También nos muestran actitudes: nuestra sociedad actual, por ejemplo, podría ser recordada por su tendencia al descarte masivo, cuando en Inglaterra, por ejemplo, el gran orgullo de una familia es exhibir la vajilla de hace 100 años. No podemos negar que somos una sociedad consumista con una estricta relación entre consumo y felicidad, típicamente burguesa.


Buenos Aires negra


¿Cuál es la forma de acceder a la posibilidad de realizar un trabajo concreto en esta disciplina?

Hay dos formas: a través de proyectos de investigación y a través de la emergencia. La vía urgente, esa de 'nos enteramos que están demoliendo y vamos a ver qué podemos hacer y resolver' es como el trabajo de un bombero, mientras que la primera es más lenta, más académica, más tranquila. Hay temas que nos interesan o preocupan, como la alimentación del siglo XVIII o XIX. Y por la vía 'lenta' tenemos oportunidad de buscar los sitios para realizar ese trabajo, como estamos haciendo ahora con la investigación sobre las condiciones de vida material de los esclavos negros en el Buenos Aires colonial.

¿Desde dónde surge ese interés por la negritud en Buenos Aires?

Primero, a partir de la toma de conciencia de que Buenos Aires fue uno de los grandes puertos negreros del continente. Es una ciudad cuya existencia y supervivencia se explica gracias a que fue puerto de entrada de esclavos para toda Sudamérica y puerto de salida de plata ilegal. El famoso contrabando del que se habla en los libros de historia ¿de qué te creés que era? Se contrabandeaban seres humanos, esclavos. Entraron cientos de miles de seres humanos por un puerto que no existía como puerto, ya que Buenos Aires tenía prohibido comerciar durante la Colonia. Así se hicieron las grandes fortunas y gran parte de nuestras autoridades fueron negreros, esclavistas. Los más grandes edificios que había en Buenos Aires eran justamente las 'Compañías', que era la palabra que designaba los mercados de negros. La cantidad de población africana en Buenos Aires era descomunal.

¿Existen estadísticas aproximadas?

Para 1810 el 35% de Buenos Aires es africano, más del 50% de Córdoba, Catamarca o Salta. Y hay ciudades con un 60% de población afro. Algo escalofriante en cuanto a la deformación de nuestra historia que habla de malones y protagonismos de los indígenas cuando en ese momento estaban por debajo del 4%. Acá el tema era otro. Pero como somos una sociedad tremendamente racista y esclavista esto se oculta, porque molesta a mucha gente. Más a nuestra historia liberal de héroes blancos, occidentales y cristianos. Esta desmemoria es un precio que estamos pagando ahora. Nosotros comenzamos a pensar que esa masa humana tuvo que haber dejado rastros materiales. Uno de los sitios que se excavó fue el cementerio de esclavos que estaba ubicado en la actual Plaza Roberto Arlt. A partir de allí, las preguntas surgieron ¿tuvieron su propia cultura, mantuvieron sus tradiciones, las reelaboraron y han llegado hasta hoy?

¿Dónde pueden encontrarse esos rastros?

En muchos aspectos inadvertidos para nosotros. Gran parte de nuestras actitudes o costumbres de ser, de pensar, de comer, de vestirnos, son africanas. Y sobre todo, de hablar. Cuando decís marote, bailongo, tamango, mondongo...

Suena a lunfardo...

Gran parte de nuestro lunfardo es africano.

Pero reconocemos más las influencias italianas...

Claro, porque son 'herencia europea', algo que le viene mejor a nuestra versión de las cosas. Mondongo, por ejemplo, es una tribu africana. Y el mondongo, tal como te lo cuenta El Mataderode Esteban Echeverría, era lo que comían los negros: basura que sobraba y que estaba destinada a los perros con los que los negros se peleaban, para poder alimentarse. Así era la esclavitud en Argentina. De una violencia tremenda. Pero a nosotros todavía nos cuentan que el negrito acompañaba a la señora por las calles de Buenos Aires con un farolito, o llevaba el almohadón para que se arrodillara en la iglesia. Nos cuentan y nos venden que la Asamblea de 1813 promulgó una ley para liberar a los esclavos cuando en realidad se liberaron en 1861. En la ley de Vientres, en el segundo renglón -que nunca te leen- dice que los hijos de los esclavos que se liberen seguirán sirviendo a sus patrones por 20 años más para después quedar libres. El que nacía era libre en un papel, pero tenía un destino de 20 años de esclavitud.

La doble moral...

¿Qué historia es esa que te entresaca renglones de las leyes? Volviendo a lo del lenguaje que heredamos: Mucama, viene de mucambo. La palabra mina, tan usada en el Río de la Plata para referirse a la mujer, proviene de los Mina que era un grupo étnico africano del que decían los españoles que era bueno, manso y sumiso para tenerlos en el hogar...


Lo que es arriba es abajo


Volvemos al principio: a la cuestión de la memoria escatimada...

La memoria no desaparece. Sucede como en la arqueología. Está ahí debajo. Hay que buscar, hurgar, para que salga lo que está escondido. Hay cosas que, sin ponerme en psicoanalista, puedo decir que no se han elaborado: las peleas del siglo 19 no han sido procesadas por nuestra sociedad. Todo lo que vino llegó tapando lo anterior. Vino Sarmiento y dijo 'de Rosas no se habla', vino Mitre y dijo: 'de Sarmiento no se habla'. Vino Roca, y dijo lo mismo de Sarmiento. Un día vino alguien y dijo: de Perón no se habla. Después nos levantamos y era presidente. Y más tarde, el nombre de una calle.
Se vive entre el ocultamiento y la manía y la analogía con el trabajo arqueológico no es casual: hay que empezar a hurgar en una historia ebullescente que no está suficientemente elaborada.

 


Para leer más sobre la casa del Mirador:

Buenos Aires Arqueología, la casa donde Ernesto Sabato ambientó Sobre héroes y tumbas, Daniel Schávelzon, Ediciones Turísticas de Mario Banchik, Buenos Aires, 2002.

El Arq. Daniel Schávelzon es master en Restauración de Monumentos Históricos y Arqueológicos y doctor en Arquitectura Precolombina por la UNAM. Pionero de la arqueología urbana en la Argentina, fundador del Centro de Arqueología Urbana (UBA) y del área de arqueología urbana de la Secretaría de Cultura (Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires) y organizador de instituciones similares en el interior del país. Ha recibido importantes distinciones, entre ellas la Beca Guggenheim; es investigador del CONICET y profesor titular de la Universidad de Buenos Aires. Ha publicado más de una docena de libros dedicados a la arqueología urbana, la historia de la arquitectura y el patrimonio cultural. Es el referente habitual en el exterior del país en lo relativo a la arqueología histórica y al tráfico ilegal de obras de arte.
Entre sus descubrimientos bajo la ciudad se destacan el Caserón de Rosas en Palermo, los túneles bajo el Cabildo, la Casa Mínima de San Telmo, la Casa Ezcurra y la casa más antigua de Buenos Aires, en San Juan 338.

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